El costo de la vida sube otra vez

Así reza el estribillo de una popular canción y la disfrutamos mientras bailamos embelesados, tratando de olvidar las penurias de una larga semana. La búsqueda de una alternativa de solución a los problemas cotidianos no acaba con quienes solo ven en el proceso del diario vivir una permanente nube oscura que parece amenazarlo todo. Las soluciones pasan por políticas de Estado integrales y los llamados a formularlas deben estar desprovisto de sus intereses personales, la cuota electoral o la imagen que esperan de quienes los han elegido. También resulta cuestionable que se deban alinear a los intereses partidarios o del sector progresista o conservador del cual forman parte. El atrincheramiento es dogmático y tiende a radicalizar posiciones que en nada contribuye a consolar a quienes están permanentemente sometidos a la derivación de los valores del dólar, petróleo, alimentos, IPC o UF. Los análisis que se han realizado no tienen repercusión interna porque estamos afiebrados con esto y quien está sometido a la enfermedad no tiene capacidad de racionalización. Si aparece en el Times, parece lejano y más de alguien señalará que es un tema que no le compete a un medio externo. Normalmente su comentario será un titular en la prensa nacional tan insignificante que no logrará empatizar a nadie. Hay que conocer el mundo al cual se afecta y no mirarlo desde la estratósfera, como parece que lo hacen nuestros líderes: “Levantarse más temprano”, “el precio de las flores”, y otras aberraciones. Se viene la competencia por la Gobernación de Santiago; Vidal y Lavín, cual amigos inseparables, se quieren robar el escenario noticioso y, sin duda alguna, así lo harán. Una vez más se postergarán los grandes problemas del país y no hay tiempo, ni es oportuno referirse a ellos porque en cualquier momento se les consultará y, las soluciones no son tan simples como para que las puedan poner en la mesa. Ninguna resulta razonable y menos aún aceptable por el medio. Quizás para los afectados sí, pero no a los que financiarán las campañas, todos los cuales estarán cruzados con sus intereses, prejuicios y conventillos. No se busca a quien realmente sepa y tenga los cojones para enfrentarlos sino a la imagen que pueda venderse a la comunidad y no sea tan mancillada como otras. La sobreexposición a los medios rinde sus frutos y los costos se traspasan a quienes se atrevan a ir a votar. El resto se deberá quedar callado.

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