Todos
quedamos sorprendidos con la masividad y la preocupación del público
por los Panamericanos 2023. Ha sido tal la efervescencia con estos
juegos, que el colegio de profesores ha pedido aumentar las horas de
educación física en los colegios. Aplaudo la medida, no solo porque me
gusta el deporte, sino porque estoy convencido que es un excelente
incentivo para que los jóvenes en situación de riesgo social sean
aislados de los tentáculos del narcotráfico, de los asaltos y del crimen
organizado. Lamentablemente las políticas públicas en esta línea han
sido insuficientes para combatir la virulencia de la droga, básicamente
porque el Estado no desarrolló una agenda país que contuviera el
preocupante avance de los carteles ni menos el desarrollo de una agenda
político social, que redujera las brechas sociales. Esta desidia estatal
hoy nos tiene sumidos en un callejón sin salida, situación que, para
pesar nuestro, se agudizará con el correr de las semanas. Esto es
contradictorio, puesto que nuestro país quiere pertenecer al mundo
desarrollado, emular algunas de las medidas más “progresistas” que
países del primer mundo aplicaron en su momento y continuar siendo
considerados los “mateitos” de la región. Si esas son las aspiraciones
de un grupo reducido de letrados, no se extrañen lo que nos pasa como
sociedad. ¿Qué estrategias se pretenden aplicar? El desafío no es
sencillo, pero desde esta humilde tribuna se sugiere fortalecer el
deporte en todos sus espacios comunitarios, desde los barrios más
periféricos hasta la totalidad de las escuelas públicas chilenas, que a
regañadientes han fomentado la actividad física. Entiendo que tu rabia
apunte a que “falta mano dura” para controlar la delincuencia, pero
déjame decirte que la seguridad no se combate única y exclusivamente con
mayor dotación policial, con un populismo penal, con la militarización
de los barrios más “peligrosos” o con la idea de construir más cárceles
concesionadas en Chile. No, eso hoy fracasó, pues el tema es más de
fondo y poco y nada se habla de eso.
Pienso
que hay que abrir espacios al desarrollo deportivo en masa para que las
futuras generaciones, que son el blanco predilecto de los
narcotraficantes, tengan opciones de decidir por no inclinarse tan
fácilmente por el camino delictual, y trabajar unidos por una sociedad
más amigable, respetuosa y con un proyecto país más claro. Aquel diseño
instrumental que buscó jugar con tus miedos e inseguridades, que te
mentalizó para preferir lo material, lo impuesto por el modelo y todo su
montaje publicitario, se olvidó de lo más importante: reforzar los
valores personales, transmitirlo a los tuyos y construir una mejor
sociedad. Por eso creo que el deporte ayuda a vigorizar todo lo
anterior, pues inevitablemente provoca un cambio en los sujetos y, por
ende, tiene un efecto social. Insisto, no es solo el deporte, pero por
algo debemos partir. Llegó la hora de trabajar porque el deporte se vea
como una herramienta social y no solo comercial.