El
fin de semana último tuvo lugar el término de la versión 2022 del
Torneo de las Seis Naciones de Rugby, el más importante después del
Mundial y el de más prestigio internacional, con una impecable Francia
que ganó con gran slam; es decir, campeón invicto, siendo su último
partido frente a Inglaterra, su clásico rival. Sin embargo, la lección
de vida que quiero destacar proviene de otro de los partidos jugados el
fin de semana, me refiero a Gales versus Italia en Cardiff, un partido
tremendamente disputado, con mucha pasión y que solo se decidió
literalmente en la última jugada del partido, la que fue debido a la
factura magistral de la misma por parte del jugador Ange Capuozzo,
gracias a quien se permitió que uno de sus compañeros de equipo,
Padovani, marcara el try del empate y otro, Paolo Garbisi, la conversión
que les dio el triunfo por 23 a 21; pues bien, tres minutos antes que
finalizara el partido se eligió como man of the match, es decir, mejor
jugador del partido, al jugador galés Josh Adams, a quien se le entregó
dicho premio con la medalla que lo acredita; sin embargo, en una actitud
tremendamente hidalga y llena de sinceridad, Josh Adams fue a buscar a
Ange Capuozzo, quien logró la jugada final, y reconociéndolo le entregó
el premio que instantes antes él había recibido. Una gran muestra de
humildad, sinceridad y reconocimiento del otro. Todos quienes alguna vez
hemos entrado a una cancha de rugby sabemos que este deporte es una
escuela de vida; y respecto de sus principios y valores podríamos
fácilmente escribir varios tomos, pero lo importante de todo esto es que
Josh Adams, el jugador galés, está dando a todos una tremenda lección:
primero, de sinceridad al reconocer de manera pública que él no fue el
mejor jugador del partido; de reconocimiento del otro, al poder destacar
a quien realmente merecía el premio; de humildad, al reconocer él mismo
a quien merecía la medalla y ser él mismo quien públicamente se la
entregó delante de todo un estadio y de la televisión de todo el mundo.
Actitudes como esta se ven constantemente en mayor o menor medida en el
rugby, deporte que se caracteriza por el respeto y la sinceridad, a
diferencia de otros deportes donde la mentira para sacar ventajas es de
común ocurrencia como lo es magnificar una jugada para engañar al
árbitro o hacerse el lesionado para ganar tiempo, siendo esto último un
lamentable reflejo de los tiempos y que hace ya varios años dejó en
claro Discépolo en su tango “Cambalache”. Pero hace falta que la
política y la vida en general vuelvan al redil, que se vuelva al respeto
entre las personas, que se termine la descalificación, que se terminen
la mentira y las volteretas, que se reconozca también los méritos del
otro, cosa que no se ve en la política chilena desde hace mucho tiempo.
Ciertamente, ni los unos son muy buenos, ni los otros muy malos; no
puede seguir la situación con un nivel de polarización entre blancos y
negros, porque más temprano que tarde se va a generar tal presión que
esa olla va a estallar, y en Chile cada vez que ha estallado la olla a
presión las consecuencias han sido trágicas y dolorosas, así fue que se
desencadenaron dos guerras civiles, una en 1829 y otra en 1891, ambas
terriblemente cruentas; también dos revoluciones, la revolución de 1851 y
la revolución de 1859, ambas con duros combates y muchas bajas; la
sublevación de Quillota en 1837; el ruido de sables el 3 de septiembre
de 1924, que siendo escuchado dio origen a la Constitución de 1925; la
sublevación de la escuadra de 1931; los terribles hechos del 5 de
septiembre de 1938 y, más cercano, el pronunciamiento militar de 11 de
septiembre de 1973. Todos debido a las polarizaciones que se produjeron
en el país en algún momento histórico; y toda polarización comienza por
desconocer al otro, por ningunearlo, evitar un diálogo serio, recurrir a
la constante descalificación e incluso imponerse por aplastamiento bajo
el pretexto de contar con una mayoría, aunque esta no sea realmente
significativa o se logre con el movimiento pendular que va de un lado a
otro. Así las cosas, la situación particular actual del país resulta
preocupante y representa un gran desafío para las autoridades, ya que la
polarización efectivamente existe, se evita el diálogo, se recurre a
una constante descalificación de un lado a otro, no se consideran los
argumentos del otro, sino que se recurre simplemente a la imposición;
caso claro de esto es la forma como se actúa en la Convención
Constitucional, pero debemos recordar que un principio de la democracia
es el gobierno de la mayoría pero con respeto a la minoría, eso es lo
primero que el país necesita, recuperar el respeto y el reconocimiento
del otro para lograr la armonía que como país se requiere. Aprendamos
del deporte, reconozcamos al otro, tengamos humildad y actuemos con
sinceridad.