Cuando Chile se resiste aun a dar por terminado el tema del Covid-19
pese a que casi todo el resto del mundo lo ha hecho, si hiciéramos una
comparación del número de afectados por dicha enfermedad, y las
enfermedades mentales y tensionales derivadas del stress colectivo que
sufrimos hoy, sin duda alguna llegaríamos a niveles exponenciales. Fue
así que el lunes 5 de septiembre al menos en la mañana, se respiraba un
extraño aire de tranquilidad en el ambiente. Así fue de impactante en la
salud mental ciudadana el resultado del plebiscito del día anterior. Es
que muchos más de lo que imaginábamos, percibíamos como
desembozadamente se trataba de institucionalizar la disolución de
nuestra Patria y el establecimiento de una versión experimental del
“comunismo del siglo XXI”. Y lo que ello significaba para
las vidas de todos y cada uno, seres humanos que tendemos a la libertad
por naturaleza y sabíamos se trataba de conculcarla, y de borrar
nuestra historia y cultura.
El triunfo del Rechazo en el plebiscito no pertenece a ningún grupo o
partido, sino al verdadero pueblo chileno, ese que se emociona con
nuestra canción y bandera nacionales, y disfrutara con el desfile de
nuestras Fuerzas Armadas y de Orden el próximo 19 de septiembre, que
esperamos que el derrotado gobierno revolucionario de Boric no suspenda
con cualquier excusa. Por ello, profundo malestar y desazón crecientes
está produciendo que desde el mismo día lunes 5 en la tarde, la
desprestigiada clase política de todos los colores, o casi, se esfuerce
en alcanzar para después imponer, “acuerdos” para seguir con el circo
constituyente. Han sido más de dos años y medio, con pandemia y
dictadura sanitaria entremedio, de permanente tensión y temor. De
vergüenzas y rabia, de penurias económicas, de ruina, de quiebras, de
desempleo e inflación galopante, de miedo a la delincuencia y al
terrorismo, en fin, sentimos que nuestra calidad de vida se fue al
carajo, que ningún problema real es siquiera atendido y menos
solucionado, sino en vez de ello se crean más y más problemas para el
ciudadano común, “de a pie”. La vida del chileno medio es cada día más complicada, difícil, estresante. Y lo peor, vamos perdiendo las esperanzas.
Nadie les regaló este triunfo popular a los políticos profesionales,
aquellos que viven y muy bien, de altos sueldos del Estado por hacer
poco o nada en favor del ciudadano real, sino trabajar para ellos y sus
campañas. Pero ahí están, gobierno y oposición, “construyendo” un
acuerdo político para seguir desgastando al país con un proceso
constituyente que legalmente se terminó. Mienten y a la vez dan muestras
de una ignorancia jurídica vergonzosa, a comparar con ese engendro que
fue el proyecto constitucional. Pareciera que los políticos solo
compiten en cual es más “chanta” e ignorante. ¿Quién protege a los
chilenos? Nadie. Es nuestra triste realidad.
Es que cualesquiera sean los argumentos en favor de una “nueva
constitución”, ellos chocan con una realidad dramática: el país ya no
resiste más. Empobrecido, temeroso, fracasado, esa es la percepción de
nuestro querido Chile. E izquierdas y derechas quieren seguir jugando a
la revolución. La izquierda hace su juego, pero, ¿las derechas?
Pregúntese Ud., ¿Qué ganan? O ¿Cuánto ganan? ¿Está ya en el ADN de los
pretendidos derechistas la cobardía? Ya ni siquiera se trata de ideas y
convicciones, sabemos que no las tienen. Se trata simplemente de si
poseen el instinto de conservación que los lleve a defender nuestra
nación de los ataques externos e internos que ha sufrido por estos tres
años. No. Corren a tratar de salvar al gobierno del partido comunista.
¿Qué negociaciones han hecho ya? Hablando de colusiones, ¿Qué grandes
empresas están metidas en esto? Porque nada ocurre ni por casualidad ni
gratis, van a reventar a Chile, de común acuerdo, el pueblo no existe,
menos se le considera. Los comunistas se apropiaron, a través de Víctor
Jara, del concepto de un derecho humano violado a cada minuto, el
derecho a vivir en paz. Chile quiere paz, quiere vivir tranquilo, con
seguridad, trabajar, no que le regalen porque eso no es gratis y se le
cobra con estatismo. Déjennos vivir tranquilos, Chile esta angustiado, y
de la angustia se pasa a la rabia. A esta generación de políticos, de
gobierno y oposición les hace falta conocerla.