El desafío

En
estos días de algarabía post eleccionaria se ha podido ver de todo;
desde los que celebran, hasta los que sugieren un fraude electoral;
desde los que aceptan y se enorgullecen de una democracia que funciona
de manera ejemplar, hasta los que vaticinan un desastre económico y
social.

El
nuevo gobierno tiene una base legítima que le da la fuerza para
enfrentar los cambios que quiere hacer, y también para frenar a los que
por exceso de entusiasmo o extremismo traten de saltarse la gradualidad
que todo cambio serio requiere. La juventud del futuro presidente y de
su amplia base de apoyo puede ser vista como una debilidad; pero también
como una fortaleza pues contará con la energía que los pocos años
llevan consigo
;
esa fortaleza más la templanza que se le debe exigir al Presidente de
la República deben ser las garantías para un gobierno que construya un
mejor país, el de todos nosotros.

Tal
como expresé en la columna anterior, estoy convencido que el futuro
presidente quiere lo mejor para el país, y aunque podamos discrepar del
modelo que plantea, lo cierto es que nos tocará vivir en ese nuevo Chile
y tendremos que seguir trabajando para sacar adelante nuestros
negocios, trabajo, familia, esperanzas, etc. Como suele ocurrir, la
realidad es bastante más compleja que una visión binaria de blancos y
negros, y acepta todo tipo de matices. Así entonces, creo que es
necesario, por el bien de Chile, mirar el futuro con optimismo.

Seguramente
habrá que arreglar parte de la carga en el camino porque, como suele
ocurrir, las promesas de campaña suelen ser más bien expresiones de
deseo que realidades concretas y quiero creer que el nuevo gobierno no
será de los anarquistas exaltados que quieren romperlo todo y será capaz
de ponerle un freno a sus seguidores más termocéfalos. Para ello deberá
contar no sólo con su propia fuerza y voluntad interna, sino además con
una oposición responsable y colaborativa que entienda que si bien los
caminos hacia el bien común pueden ser diversos, lo importante es que
todos queremos un Chile más grande y más justo.

Los
desafíos son muchos; pero el más urgente, de lejos, es recuperar la
Normalidad, dejar atrás el creciente avance sobre las libertades
individuales y volver a interactuar como debe ser: como seres libres,
con derecho a circular libremente por nuestro p
aís,
viajar a donde queramos, dejar de usar bozal u otros distintivos que
nos segreguen y frenar los intentos de construir una sociedad controlada
por un Estado Benefactor. Ese es el principal desafío (mundial, no sólo
nacional), todo lo demás termina estando supeditado; no sacamos nada
con mejorar pensiones, atención de salud, etc., si resignamos a ello
nuestra libertad individual… …y lo estamos haciendo.

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