Desconcertante.
Esta sería la palabra que define al Gobierno del Presidente Boric, y en
especial a la figura presidencial. Un día el Presidente puede parecer
un estadista moderno, puntilloso; Asistir a una charla en la Universidad
de Columbia y señalar que lo indigna la violación de derechos humanos
en Nicaragua, Cuba y Venezuela, y como la izquierda radical reacciona
contra dichas dictaduras. Al día siguiente puede enfurecerse con una
periodista por los dichos de su embajador en España, Javier Velasco, o
dejar plantado en su despacho al embajador de Israel generan-do un
incidente diplomático de características inconmensurables y desahuciar
el TPP11 sin ambages.
Si
algo caracteriza a éste Gobierno, y ya no es un misterio para nadie es
el “tironeo” constante de un Boric que no puede definirse entre el líder
socialdemócrata de segunda vuelta, moderno, cosmopolita, culto, lector,
ligeramente jovial y despreocupado, pulcro y elegante sin corbata
juvenil, pero cuidadosamente producido en gestualidad y ropa, al Boric
de la peña, al líder estudiantil que descuida su aspecto, al ex anarco
punki de abrigo patagón que tararea canciones de grupos chilenos del
subterráneo cultural, sus formas, dejan rienda suelta a su prepotencia
de asamblea, su totalitarismo de dirigente gremial.
De
todos los Presidentes desde el retorno a la democracia, Boric es sin
duda el más desconcertante, voluble, impredecible, contradictorio en
definiciones, ideas y reacciones.
A
la característica señalada, en nada contribuye tampoco la coalición que
lo acompaña y que se divide también, curiosamente, en esas dos almas
del Presidente y que sin duda lo presionan, debiendo el Presidente
actuar como un equilibrista imposible de sí mismo, entre el Frente
Amplio y el PC y los socios tardíos (muchos de ellos en el poder por la
necesidad del trabajo estatal) del Socialismo Democrático, que alguna
vez fue parte de la Concertación. Hay que decirlo, el Socialismo
Democrático (PS y PPD), cada vez soportan menos al núcleo ideológico,
histórico y bio-gráfico del Presidente residente en el Frente Amplio.
Más
aún, después de la debacle del plebiscito, y la llegada al Gabinete de
las sólidas ministras concertacionistas Carolina Tohá y Ana Lya Uriarte,
a poner orden en el desorden imperante (cua-les profesoras), el
Socialismo Democrático asiste al voluntarismo (conveniente) de repartir
cargos en sus partidos en divisiones, ministerios o seremias, ahí donde
“haiga” como se decía antigua-mente.
Incluso más, los partidos del Socialismo democrático han comenzado
a darse cuenta después de un plebiscito donde se desfondaron (apoyaron
el apruebo y el votante de centroizquierda se volcó a las urnas por el
rechazo) que el costo a pagar está siendo muy alto, baste sólo ver
quienes dirigen a estas alturas el PPD y la DC, dirigentes sin grandes
luces.
Las
preguntas que surgen son ¿Cuál es el verdadero Boric? ¿Es ambos, es
uno, es todos? ¿Hasta dónde el Presidente puede estirar sus
indefiniciones y contradicciones, entre bravatas y gustos personales,
cuando se convertirá en Presidente de todos los chilenos? ¿Escogerá el
Presidente un alma que lo acomode y se jugará por ella?
Lo
que está claro, es que ambas almas son contradictorias, impredecibles
como lo es el Presiden-te, y que ambas, no son compatibles, salvo que el
Presidente las dirima con sabiduría y sin contradecirse a sí mismo. En
los setenta y a propósito del medio siglo, se decía del Presidente
Allende: “A veces se comporta como Presidente, otras como
revolucionario”.
Chile
no es un ensayo permanente y requiere de definiciones de la primera
autoridad, rápidas y concretas, el tiempo es corto y cada día que se
pierde, el país pierde, eso es lo complejo de la presidencia de la República.