El despertar

Y Santiago explotó. Al igual que en 1983 las calles han sido tomadas y la revuelta es general. La fiebre de tanta impiedad llevó al cuerpo colectivo a reaccionar y nadie puede negar que era necesario. Que la gente quedó en las calles sin medios de movilización y eso sea considerado un abuso, es la consecuencia más suave de todo esto. Un día antes estaban con la rotura de Seminario y Providencia y luego la epidemia. Cuál si fuera un germen dormido despertó y se manifestó en todas partes. No hay justificación de los daños causados a las instalaciones o las lesiones cometidas a los trabajadores, pero en todo grupo hay desorientados y anárquicos que echan a perder lo bueno. Se infiltran para generar caos y nadie se atreve a pararlos, pues son más contagiosos y peligrosos aún. Así se aprovechan de uno y otro lado. El pueblo chileno es pasivo, acostumbrado a las represiones de la dictadura mantiene la cabeza gacha y si hay que caminar kilómetros lo hacen. Se muerden la rabia por dentro y lo único que esperan es llegar a sus casas lo más pronto posible, pues saben que mientras más se tarden más peligroso se va a poner. La noche ampara al lumpen y es necesario custodiar lo propio. Por ello, hay silencio, búsqueda de ayuda, orientaciones para encontrar un mejor medio. Este es un terremoto social que se venía acercando con sismos evidentes, pues la gota que rebalsó el vaso fue una sutileza, luego de que se fue llenando de la mugre de las actuaciones poco probas de nuestras autoridades, del doble estándar de quienes ejercen y exigen, de las colusiones y discursos rimbombantes sin sentido, del precio de la salud y medicamentos, de la hipoteca de la juventud por sus estudios y el grave daño cometido contra la educación. Quizás se pueda señalar que a tan corta edad los estudiantes no sepan lo que hacen, pero es un error pensarlo de ese modo. Ellos son el reflejo de lo que ocurre en sus casas, en sus familias, en sus vecindarios, en sus colegios o universidades. Si bien la juventud actual vive bastante ligth y ajena al devenir, no puede dejar de sentir las quejas familiares por las restricciones que se sienten en los hogares, mientras vemos un mundo paralelo a través de los medios que muestra la iniquidad de los verdaderos delincuentes y la poca equidad social. Los terremotos remecen todo. Afecta al rico y al pobre. Destruye las bases sociales y hay que reconstruir. Se liberan fondos y se pueden mirar a los ojos unos con otros, pues el polvo de la destrucción cubre a todos por igual. La situación apocalíptica que contiene este comentario no debe asustar a nadie. Un país como el nuestro acostumbrado a los desastres sabe cómo recuperarse, pero tiene que haber remezones como los que hoy se presentan para que, aquellos que detentan el poder, se den cuenta que no pueden seguir así. Chile está cambiando ¡Por fin!

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