El día después de mañana

Al
momento de escribir la columna, vivimos el primer día de cuarentena en
Punta Arenas y el lamentable deceso de una señora de 86 años con
coronavirus en la ciudad. Las calles son testimonio de esporádicos autos
que pasan como si fuera una mañana dominical. Los decibeles del viento
reemplaza el bullicio habitual. Creo necesario reflexionar.

Mi
anterior columna sacó críticas de quienes sostienen que quedarse en
casa eternamente es la solución hasta que desaparezcan los riesgos del
COVID-19. Sin embargo, quienes son conscientes que el ser humano es
mortal, comprenden que el virus llegó para convivir con nosotros, y que
cualquier medida que se tome, es solo para ganar tiempo, para
prepararnos hasta el día final, porque no desaparecerá el virus ni se
resolverá el “problema” de nuestra propia experiencia humana hacia la
muerte. Entendámoslo bien, el objetivo de aplanar la curva dice relación
con no colapsar el sistema de salud, para que cada enfermo (con
distintas patologías) encuentre atención médica. Por tanto, el tema es
controlar la propagación del virus y no su mortalidad.

Recordemos
algunas pandemias recientes. En 1918 tuvimos la “Gripe Española”,
aunque se inició en Estados Unidos, mató entre 50 a 100 millones de
personas. En 1957, la “Influenza Asiática” mató a más de 1 millón de
personas. En 1968, otra pandemia de Influenza A (H3N2) que aún sigue
circulando, mató al menos otro millón de personas. La última pandemia
oficial fue la Influenza A (H1N1) del 2009, conocida como “Gripe
Porcina”, detectada en Estados Unidos, con medio millón de fallecidos.
Seguramente, muchos de nosotros no reparamos sobre estas pandemias ni
tampoco tenemos muy presente en nuestras conversaciones que el VIH ha
causado la muerte de más de 32 millones de personas y que cerca de 2
millones de niños portan el virus. En definitiva, el mundo sigue
adelante, la gente sigue adelante.

Hoy
nos afecta una nueva pandemia, y a diferencia de las anteriores, la
viralización de las redes sociales y sensacionalismo periodístico (donde
minuto a minuto se cuenta cada caso) aumentan la insensatez,
especialmente en quienes hoy ocupan cargos de liderazgo en la región.
Solo reaccionan al acontecer en búsqueda de “likes”.

La
cuarentena total debería finalizar el miércoles en la noche. No sabemos
si se prolongará, pero de continuar, tal vez entendamos lo vital de que
cada uno siga las recomendaciones de higiene y distanciamiento social
para evitar medidas extremas como la actual. Tal vez, será el momento
que nos demos cuenta de que preocuparse de la economía es también
inquietarse de la salud de las personas, ya que la economía trata de
proveer de lo necesario para no morir de hambre, para que encontremos
los hospitales, médicos y equipamiento para sanarnos. Si la economía
colapsa, la salud colapsa y viceversa. No olvidemos que la cuarenta no
mata el virus, el virus seguirá ahí y no va a desaparecer. Por lo tanto,
tarde o temprano tendremos que salir, enfrentarlo y muchos de nosotros
enfermarnos para obtener la anhelada inmunidad.

El
día después de finalizada la cuarentena, espero, sea más claro para
todos que el pan no llega solo a la mesa. Cuando antes deberemos retomar
nuestras labores y mientras los más jóvenes desarrollan inmunidad,
debemos cuidar de sobremanera a los mayores y enfermos. El día después
de mañana, no podemos dejar de vivir por el miedo a morir.

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