En
un año completamente difícil, donde muchos compatriotas hoy ingresan
nuevamente a cuarentena total a lo largo y ancho del país, ahí está
Martín. Martín es un chileno común y corriente, vive de su trabajo,
preocupado de su familia, esforzado y siempre deja un espacio para sus
amigos y para el club que le da alegría.
En
medio de tanta incertidumbre, ha vuelto algo de certeza. Comienza a
rodar la pelotita todas las semanas y sabe que eso será un bálsamo a
toda tormenta que se presenta con el correr las horas.
Ya
no es lo mismo, estadios vacíos, la hinchada no canta ni grita, sólo
queda la esperanza de sentarse frente al televisor, ojalá acompañado de
un asado y si es posible, también de una fría cerveza. Ya no es lo
mismo, la vida no es la misma y hay muchos que quedaron en el camino y
ahora acompañan desde la tribuna más alta.
Martín
aún recuerde ese último abrazo en vivo por la puntería de su goleador.
No sabe quién era el caballero, no fue un error. Conocen cada rincón del
estadio, han estado por años en el mismo lugar, quizás cuantas veces se
han visto o topado sin reconocerse. Les han robado la ilusión en más de
una vez y también han gritado campeón. Pero tienen algo en común, la
misma camiseta.
En
los barrios, como en la vida misma, finalmente siempre son los tuyos
los que te apoyan y te acompañan hasta el final. Bueno, en la pasión del
fútbol también es así. Es el amigo que te comparte un pucho, el que te
da un sorbo de agua en los días más calurosos y al que extrañas domingo a
domingo todo este año sin cancha.
90
minutos, sólo 90 minutitos de alegría, vale la pena pasar por todo,
aguantarse todos los días de la semana y, por ahora, volver a prender el
televisor. Se ve más cerca el regreso a los estadios. Pero aún seguimos
viendo a las 22 figuras en una mole silente.
Vuelve
nuestra liga local, la misma que cuesta un mundo que un equipo de este
lado del planeta haga una presentación digna en una copa internacional.
Esa liga lenta, con pocos goleadores y jugadores que deslumbren; pero es
nuestra liga. La liga que Martín sueña ganar nuevamente y poder mofarse
el día lunes de sus compañeros.
Cuesta
tanto resignarse a esta normalidad, que incluso esta forma de ver el
deporte más hermoso del mundo nos parece bien. Hay que ser agradecido,
fue más duro el tiempo el tiempo transcurrido sin él.
Martín amigo, celebra, esta nueva copa es para ti. Sin duda, así como lo decías de niño, “estás en tu mejor momento”.