El ejemplo de Belarmino

Uno de los trabajos más duros y poco valorado en todo lo que significa para la comunidad es la de los recolectores de residuos domiciliarios, denominación elegante para la basura de nuestros hogares.

Muchos los miran en menos cuando recogen bolsas y cajas con desperdicios residenciales y corren tras el camión recolector, pero ese un valioso aporte diario –incluso sábados y domingos– a mejorar nuestra vida diaria… y yo lo sé muy bien porque mi padre, allá en Limache, también trabajó como “basurero”, término despectivos que un puñete bien pegado borró de la boca del ofensor para siempre.

Son trabajadores magallánicos, en su mayoría, humildes, sacrificados, esforzados y honrados, como lo ha demostrado Belarmino Parra Álvarez, feliz padre de cuatro hijos y parte de una familia ejemplar en cuyo crisol se forjaron valores muy escasos en estos días: honradez, apego a la verdad y muy consciente de que el fruto con mejor sabor es aquél que cultivamos con nuestras propias manos, sin birlar esfuerzo ajeno.

Belarmino Parra Ávarez; el chofer de su camión, sus compañeros de tareas y el supervisor Julio Castro Alvarado, todos funcionarios de la empresa de transportes Carlos Estrada, han dado una lección a la comunidad magallánica y a todo el país.

Algunos dicen que no es nuevo, pudiera ser, pero en estos tiempos en que tantos y tantas, en los más diversos niveles, municipios, gobernaciones y ministerios amasan fortunas con dineros fiscales mal habidos; están procesados, están presos y otros tratan con escarceos judiciales, eludir sus responsabilidades, haciéndose “los cuchos”, los inocentes o diciendo que buscar la verdad y los responsables del robo, porque es un robo, de dineros de todos los chilenos, doblemente repudiable porque utilizaron la excusa de servir a los que menos tienen, “amenaza el sistema democrático”… yo les digo carajos y me guardo otros calificativos por respeto a mis numerosos lectores.

Gracias, Belarmino y compañeros de trabajo; gracias supervisor, gracias empleador de estos trabajadores de decenas de otros recolectores de basura que también han devuelto objetos valiosos que se fueron al tacho, pero, ya encontrados, fueron devueltos a sus distraídos dueños.

Yo pedí una ceremonia especial para que estos trabajadores fueran distinguidos por la empresa por su ejemplo de honradez; tuve buena acogida por parte de Carlos Estrada y confío en que se hará para acentuar este ejemplo y nuestro reconocimiento por su positiva y ejemplar actitud.

Los medios de comunicación regionales y nacionales ya lo destacaron porque ¿quién o quiénes, con muchas necesidades, con una familia extensa, creo yo, devuelven a su dueño, una suma de dinero tan alta y que pudieron haber servido para enfrentar necesidades tal vez urgentes en estos tiempos de carestía, por decir lo menos?

Pero la honradez se impuso y más aún en esta tierra austral, tierra de sacrificio pero con voluntad de vencer… y por eso y muchos más, repito, “Creo, Señor en Magallanes…”.

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