Vivimos
tiempos turbulentos, de alta incertidumbre. Lo que mucho se daba por
establecido, por permanente, está siendo sujeto a revisión. Las gentes
aparecemos tironeados por un pasado de seguridades, por un presente
movedizo y un futuro difuso e inquietante. Ante este estado de cosas
surgen redentores por todos lados, con sus discursos mesiánicos en el
que abominan del pasado de sus padres, reclamando un futuro luminoso
para la humanidad. Al hacerlo recurren a ese corsé que son las
ideologías, que constriñen sus pensamientos y encuadran la realidad a
los dictados del manual partidario. Esta forma de actuar si bien no es
nueva en la historia humana, pareciera que recobra más vigor en esta
época. El abono para discursos y praxis nefastas y probadamente
fracasadas, está en parte en gentes que solo están dispuestas a digerir
lo sencillo; lo que agrada a sus oídos y endulza una realidad muchas
veces dura e implacable. De ahí el engaño en todos los aspectos de la
vida, estábamos a un paso, el que penosamente se dio.
Qué
fácil es pronunciar la palabra gratis y qué lindo es escucharla. Salud
gratuita y de calidad; educación gratuita y de calidad; vivienda gratis y
de calidad; en fin, una vida gratis y de calidad. Qué fácil es
pronunciar la palabra derechos, pues habrá entonces que otorgar derechos
a quien piense que ha sido o esté siendo vulnerado; al final, los
derechos los enarbolan los políticos, pero los pagan los más humildes.
Qué fácil es pronunciar la palabra igualdad, porque esa se mete en el
cerebro como un gusano que carcome nuestra racionalidad. Porque es lindo
ser igual al que con algún especial talento ha logrado hacerse de una
buena situación económica, y lo es más aun si el político me dice que
luchará por esa igualdad. El progreso humano en todos sus ámbitos no
hubiera sido posible de practicarse la idea de igualdad que los
políticos venden para obtener votos.
Vivimos
una época de engaños cuando irrumpen, casi a diario, profetas de un
cielo y una nueva tierra; cuando se nos dice que humanamente el hombre
puede ser tanto hombre como mujer o animal; cuando se quiere pervertir
la naturaleza de las cosas y entonces la pobreza es virtud y la riqueza
es pecado. Nos engañan cuando nos dicen que los niños, esos seres que
piensan en jugar, en divertirse y que necesitan desesperadamente de sus
padres, ahora pueden decidir de manera definitiva sobre su futuro para
los próximos cincuenta, sesenta o más años de sus vidas. Nos engañan
cuando nos dicen que falta Estado para ayudar a las personas en sus
miserias económicas e incluso, morales, cuando ha sido y es el Estado
que a diario vulnera la libertad de los individuos y el que,
por lo demás, está plagado de instituciones innecesarias, pero que hay
que mantener para alimentar a muchas familias. Nos engañan cuando nos
quieren enviar hacia la frugalidad, pero les vemos sentados en opíparos
banquetes y viviendo una vida holgada gracias a los pobres que según
ellos son virtuosos en sus necesidades. Nos engañan cuando nos dicen que
ellos sí tienen la receta para vivir una vida digna, mientras sus ideas
llevadas a la práctica han dejado en la miseria moral y económica a
pueblos y generaciones enteras.
Las
palabras dichas por el cantante de tango Julio Sosa antes de cantar
‘Cambalache’, se hacen más fulgurantes en su significado: hoy por hoy
“todo es grupo, papel pintado” (grupo: mentira engaño, en el lunfardo).