El espejo y la ventana

El yo, el yoísmo o girar y otear la dinámica de la vida comunitaria, genuinamente.

¡O
es el yo o es el tú! ¡O es el yo o es el ello! El ensimismamiento
frente al espejo, la observación sostenida del yo, la búsqueda de la
armonía, del equilibrio, quizás, de la adulación o lo perfecto, nos
distancia del escrutinio del ello, del tú, del prójimo.

Al
comentar con un grupo de estudiantes, algunos títulos de posibles
columnas de opinión me preguntaron, ¿por qué el espejo, por qué la
ventana?

¿Por
qué el espejo? Porque el espejo pone el foco en la persona que refleja,
quien a su vez se observa, fija unos detalles y otros deja pasar.
Quizás en algunos la observación es reconcentrada.

¿Por
qué la ventana? Marco semejante, sin embargo, la observación es amplia,
panorámica incluso. La atención se fija en el otro, en los otros, en el
tú, en el ello. ¿Qué hallamos en este entorno en vez? Vida, más vida,
vida plural, diversa, muy diversa, materia, relieve, fauna y flora muy
diversas también, color, luz, penumbra, en fin, un sinfín.

Diferencias, muchas. Contrastes, todos. Blanco, negro. Toda la paleta de la acuarela.

¿Qué nos debe importar de lo que observamos desde la ventana? ¡Todo, todo, todo! ¡Todo y todos!

Nos
debe importar el tú, el usted, el él, el ella, el ustedes, el ellos, el
ellas,… y el nosotros, el nosotras. ¡El prójimo, todo el prójimo! Que
ese mismo somos nosotros para otro.

Observarlos
es una actitud activa, pero pasiva. Es buen comienzo, observar, mirar,
examinar, contemplar, analizar, estudiar, advertir, notar, ¿qué?
¡Quiénes somos! ¡Cómo somos! Somos iguales y diferentes, a la vez.
Nuestro adeene natural nos iguala, nos hace semejantes, sin embargo,
nuestro adeene social nos diferencia, nos hace distintos, diversos.

¿Cuál
preferir? ¿El espejo o la ventana? ¡La ventana, mil veces mil! Somos
individuos, pero nos debemos a otro, a otros, con ellos formamos
comunidad, familia, grupo, equipo, curso, barrio, población, comunidad,
país.

Preferentemente
debemos tender hacer equipo con el tú, construyendo un nosotros dual, y
desarrollar luego, pronto, muy pronto un nosotros plural. Notarán que
ya hemos abandonado un poco la observación, solo un poco, nunca la
debemos dejar de considerar. Y pasamos a desarrollar la comunicación
verbal y no verbal, toda, en plenitud. Seguro que la comunicación ha de
ser oral en un comienzo, quizás escrita, además, e incluso,
somatolálica, a veces.

Del
espejo, sí debemos decir algo más. No solo es observación del tipo
réplica o reflejo, es, debe ser observación concentrada, reconcentrada,
analítica, reflexiva, debe tender a ser más una introspección, y así
recordamos el aforismo griego “Conócete a ti mismo”. ¿El resultado? Ya
es el mejor, es el inicio de un buen comienzo, ¡qué va! Y luego lo que
sigue, la ventana como buen aditamento del mejor reflejo de nosotros
mismos, y este convidarlo a diestra y siniestra, sin condiciones, solo
como la mejor práctica de dones al prójimo.

¡No lo pensemos mucho! ¡No lo piensen mucho! ¡Amen!

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