La inflación vuelve a hacer de las suyas en nuestra país; y es que a pesar de que muchos mencionamos que podíamos estar tranquilos con respecto a este indicador, los resultados obtenidos en los meses de enero y febrero vuelven a presentar una alerta.
Como bien sabemos, la inflación es un aumento sostenido y generalizado de los precios, es decir, no se refiere a un aumento particular, sino general de precios y aquello, es lo que nos preocupa. En este punto, debemos clarificar que la inflación -medida por el Índice de precios al consumidor (IPC)- muestra el efecto de nuestro comportamiento en materias de precios, y también, evidencia la dependencia existente en materia de importaciones, donde las transacciones deben ser pagadas por medio del dólar. Esto lo menciono, ya que algunos podrían pensar, que la inflación es la causa de todos nuestros males en materias de precios, siendo que es tan sólo el efecto. Esta aclaración es importante, ya que existen algunas propuestas legislativas que pretenden eliminar la UF de los créditos -instrumento indexado a la inflación- ya que piensan que ahí radica el problema y que gracias a su propuesta el monto de los créditos dejaran de subir en el tiempo. Aquello no es posible, ya que los Bancos encontraran la manera de evitar la desvalorización del dinero prestado por ellos en el tiempo. Esto puede radicar incluso, en peores condiciones de acceso a la deuda. Debemos pensar bien esto, ya que de acuerdo al dicho popular: “El remedio puede ser peor que la enfermedad”.
Pero sigamos; nuestro Banco Central tiene una meta inflacionaria que rodea el 3%. Aquello es necesario ya que, por un lado evidencia la intención de compra de la demanda y por el otro, no genera grandes problemas al poder adquisitivo de las familias. Cualquier cifra que se encuentre por sobre ese 3% no es del todo bien vista, y no sólo eso, ya que cualquier cifra que se encuentre bajo ese 3% es una señal de alarma del poco dinamismo económico de nuestro mercado. Por consiguiente, la inflación es una meta en sí, que ha causado algunos dolores de cabeza, no sólo al Banco Central, sino que también al gobierno actual.
En enero la inflación mensual fue de un 0,7%, mientras que en febrero fue de un 0,6%. Ambas cifras son altas y ponen en riesgo la meta inflacionaria del Banco Central, ya que sólo en estos dos meses la inflación acumulada alcanza el 1,3%. Es bien sabido, que el comportamiento de la inflación mensual es variable, no obstante, la experiencia nos indica que existen meses con altos y bajos.
Para ver lo complejo que es cumplir la meta del 3%, debemos considerar que en promedio la inflación mensual de lo que queda del año 2024 no debería sobrepasar el 0,17%, y aquello ya evidencia un problema, en particular, por las últimas cifras entregadas en la Encuesta de Expectativas Económicas (EEE) que espera un registro para el mes de marzo entre un 0,5% y un 0,8%, aspecto que ya nos dejaría -en el tercer mes- con una inflación cercana al 2%.
Ahora bien, ¿por qué es importante manejar esta expectativa inflacionaria para el mes de marzo?
La respuesta es sencilla, por la Tasa de Política Monetaria (TPM). En Abril tendremos la próxima reunión del Consejo del Banco Central; reunión que tiene la misión de bajar, mantener o subir la TPM. En este punto me la juego, la TPM seguirá bajando, sin embargo, esta últimas cifras, provocarán que dicha baja no sea tan agresiva como lo esperábamos, en especial, por los problemas que podría ocasionar con el dólar.
Para mi predicción, debemos esperar este martes 2 de abril.