Después
de un año atípico y un verano en el mismo tono, finalmente llegó marzo y
ya es un hecho que, al menos durante gran parte de este 2021, seguiremos
en modo Covid, es decir, manteniendo distancia social, usando
mascarillas y lavándonos las manos permanentemente. Pero, junto con las
complejidades de la pandemia, nuestro país entra en un súper ciclo
electoral donde se definirán temas mucho más importantes que un par de
cargos, ya que se comenzará a escribir la hoja de ruta que debiera guiar
a Chile durante los próximos cuarenta o cincuenta años. Me refiero a la
nueva Constitución.
Pero
vamos por parte. La pandemia sigue presente y no podemos relajar las
medidas de autocuidado que ya todos conocemos, pues la posibilidad de un
rebrote sigue presente. Es de justicia reconocer que el proceso de
vacunación realizado por el Gobierno ha sido exitoso, pero no por tener
gran cantidad de población inoculada debemos bajar los brazos, sobre
todo considerando que la concurrencia a las urnas partirá muy pronto y
ahí se deben extremar las precauciones.
¿Cómo
es el calendario electoral de este año? El ciclo parte el 11 de abril
cuando tendremos que elegir gobernadores regionales, alcaldes y
concejales, además de las y los miembros del órgano constituyente. El 9
de mayo sería la eventual segunda vuelta en la elección de gobernadores
regionales. El 4 de julio las eventuales primarias presidenciales, de
senadores/as y diputados/as. Finalmente, el 21 de noviembre se
realizaría la elección general para Presidente o Presidenta de la
República, además de senadores/as, diputados/as y consejeros regionales.
Como dije al comienzo, un súper ciclo electoral y en modo Covid.
Con
marzo también se inicia un nuevo período legislativo y en eso el
Gobierno es quien marca la pauta. Sin duda lo que más espera el país es
la Reforma Previsional. Como oposición ya hicimos una propuesta concreta
que mejora razonablemente las pensiones de los actuales y futuros
pensionados, la que confiamos termine imponiéndose. Del mismo modo la
reforma a Fonasa se hace impostergable, sobre todo cuando día a día
vemos los casos dramáticos de familias que no pueden acceder a una salud
digna.
Otra
reforma urgente es la de Carabineros. Estamos en un estado de
crispación social que tiene muchas aristas, pero es innegable que
necesitamos que la policía uniformada vuelva a generar confianza y
adhesión en la ciudadanía. El uso legítimo de la fuerza por parte del
Estado no puede servir de argumento para excesos o violaciones a los
DD.HH. Pero, junto con las acciones sobre Carabineros, como sociedad
también deberemos resolver las causas que generan la violencia y que
tanto daño nos causa.
En
resumidas cuentas, el fin del verano da por iniciado oficialmente un
año que pondrá a prueba no solo la fortaleza de nuestra democracia y
nuestras instituciones, sino que principalmente nuestra capacidad de
poner por delante de cualquier consideración los intereses superiores de
Chile. La Asamblea Constituyente debe ser ese espacio de debate
civilizado que tanta falta nos hace, un lugar de encuentro en la
diversidad donde volvamos a encontrarnos con los argumentos y
condenemos, sin matices, todo tipo de violencia. Solo así podrá emerger
el nuevo Chile que soñamos. Ese que nos protege, el de las
oportunidades, el país de todos y todas, donde miramos nuestro pasado
para sacar lecciones y nos proyectamos con fuerza hacia el futuro.