El
caso del pelao Vade nos estremece de distintas formas. El cáncer es una
enfermedad que afecta a muchas personas y familias, y los magallánicos
sabemos bastante de ello. Mi primera reacción vino de ahí, de cómo esta
mentira afecta y pone en riesgo la credibilidad de miles de enfermos de
cáncer que sobreviven gracias a la solidaridad de sus comunidades. Mi
segunda reacción provino de la memoria, y recordé al dictador parándose
de su silla de ruedas luego de inventar una situación de salud grave
para evadir la justicia. Inventar situaciones de enfermedad no es nada
nuevo en la política chilena, el problema es que ahora la utiliza
alguien que se instala desde un discurso y apuesta refundacional de
Chile, desde una posición de superioridad moral y ética, con una crítica
destemplada, inquisidora y justiciera. Envestido ahora de autoridad su
mentira da pie para criticar la validez del proceso constituyente.
Rodrigo Rojas Vade es un ciudadano humilde, estudió teatro y fue
auxiliar de vuelo, y hace rato padece una grave enfermedad, quizás
discriminada, pero que hoy en Chile tiene cobertura y tratamiento. Es un
personaje de primera línea en plaza Dignidad, con torso desnudo y
catéter expuesto, sin duda como una forma de visibilizar un mundo de
angustia, dolor y sufrimiento. ¿En qué momento Rodrigo sobrepasó en su
mente y opciones los límites de su personaje?… es difícil de evaluar;
sin embargo, a no confundirse y mezclar temas, ya que las demandas de
salud apropiada, oportuna y digna para todos, que representaba Rodrigo
Rojas, son una verdad incómoda que no debe ser ocultada porque
condenaría a muchos pacientes de cáncer en Chile al olvido, y a
penurias y pobreza en anonimato. Que empatice con Rodrigo, su enfermedad
y su causa, no significa que no rechace que haya utilizado las mismas
herramientas de quienes repudia políticamente. Su mentira es
inexcusable. Es un hecho grave porque afecta la credibilidad pública y
la Convención Constituyente, que deben avanzar con credibilidad y
transparencia. La teoría del empate lleva a algunos partidarios y
seguidores de las posturas de Rodrigo a relativizar una situación grave.
Aquí no solo se faltó a la credibilidad pública, sino además se falseó
un instrumento público como la declaración de patrimonio e intereses y
se hizo usufructo político y pecuniario de ello. Algunos han intentado
relativizar la situación desde lo político, otros han empatizado desde
lo humano, y otros tantos han defendido posturas desde las teorías
conspirativas, apuntado al rol de la prensa y a una especie de caza de
brujas de los constituyentes, con la finalidad de hacer fracasar la
Convención. La prensa hasta aquí solo ha hecho su pega, investiga e
informa desde documentos públicos como en este caso. No ha falseado, no
ha inventado. A partir de la fallida inscripción presidencial y ahora
este caso, sin duda la Lista del Pueblo ve debilitada sus tesis y
posiciones, lo cual, sin embargo, no significa que sean erradas. Lo que
corresponde es hacer más rigurosos, exigentes y autocensurados los
procesos para que la necesaria refundación ética de la política y sus instituciones partan desde el ejemplo, desde la consecuencia. El fin no justifica los medios.