En nuestro lenguaje
existen palabras que se consideran tabú. Las cuales son léxicos que se
excluyen porque hacen referencia a realidades consideradas negativas,
desagradables e incluso dolorosas, y por ello es mejor ignorarlas o
evadirlas. Una de estas palabras es el fracaso. Dada la connotación
negativa asociada al fracaso, ¿a quién dentro de nuestra sociedad le
gustaría ser considerado un fracasado?
La
palabra fracaso es temida, especialmente porque se enseña a ser exitoso
y no así a fracasar. Siendo que muchas veces se está más expuesto a
este, porque fracasar es mucho más común que triunfar, la decepción es
más frecuente que los logros. Incluso una persona puede triunfar en
algunas áreas de su vida como, por ejemplo, en lo profesional, pero
puede haber tenido fracasos en otra, como en el aspecto familiar. El
fracaso no se puede evitar, es parte de nuestra existencia como seres
humanos. Por ello todos tarde o temprano vamos a vivir el fracaso o se
ha vivido e incluso se puede estar viviendo. Por ello es muy importante aprender una nueva definición de este.
La
vida en un ciclo entre el éxito y el fracaso. Incluso el fracaso puede
ser el preámbulo del éxito. Esto va a depender de cómo la persona lo
viva. El fracaso puede ser algo muy positivo. Por lo tanto, frente a un
fracaso, en vez de deprimirse o sentirse derrotado o culpable, hay que
estar optimista y volver a intentar lo que se estaba haciendo, porque
quienes fracasan definitivamente son aquellos que no perseveran en sus
propósitos.
¿Cómo transformar el fracaso en una experiencia positiva? La palabra
clave es aprendiendo. Frente al fracaso lo primero que hay que hacer es
detenerse, analizar la situación y detectar dónde estuvieron los
errores y corregirlos. Asumiendo este tipo de actitudes, el fracaso será
la oportunidad de superarse, de dar lo mejor de sí mismos. En
definitiva, triunfar es aprender a fracasar. Cada frustración, cada
descalabro, cada contrariedad, cada desilusión lleva consigo el cimiento
de una infinidad de capacidades humanas latentes o desconocidas.
A
los niños y a los jóvenes se les puede enseñar a afrontar el fracaso.
Ellos pueden aprender a vivir el fracaso como un hecho positivo tomado
en cuenta lo siguiente: por ningún motivo reprocharlos y mucho menos
denigrarlos ante los fracasos que les toque vivir como, por ejemplo:
frente a una baja calificación e incluso si llegase a repetir de curso.
Enfatizarles que el fracaso los vuelve más capaces, gracias al análisis
de la situación y a las conclusiones extraídas del mismo; les permite
desarrollar una mayor capacidad de aprendizaje; los motiva para seguir
aprendiendo y les amplia la capacidad de resistencia.
Si
se logra cambiar el concepto negativo que se posee del fracaso, las
personas tendrán un mejor concepto de sí mismas, mejorarán su nivel de
autoestima, serán menos temerosas, tendrán una mayor capacidad de
iniciativa y proactividad y serán mucho más creativas.