El Frente Amplio debe concertacionarse aún más para sobrevivir

El
Frente Amplio planteó en sus principios programáticos la necesidad de
generar una fuerza política y social transformadora como una alternativa
al duopolio conformado por la Nueva Mayoría y la derecha, los cuales se
habían repartido el poder y gobernado el país sin contrapesos en estas
últimas décadas. Y había triunfado en sus objetivos. Hasta este momento.

Sin
duda es una cruda y triste realidad. Tras ganar la elección
presidencial, se dieron los primeros indicios de falta de preparación.
Es por eso que el Frente Amplio tenía que volver con el semblante
partido y la cola entre las piernas a la realidad política y aprender la
lección con humildad. A ciencia cierta, el sistema político no se
olvida y la historia política es demasiado reciente. Ellos en su momento
negaron la sal y el agua a cuanto contrincante hubo, principalmente no
aceptaron la invitación de la Nueva Mayoría (ex concertación) cuando les
ofreció una alianza. Sin embargo, apenas fueron elegidos como
alternativa presidencial solicitaron el apoyo inmediato de estos viejos
estandarte (PS, DC, PR, PPD).

En
este instante los necesitan, urgen de estos partidos tradicionales (a
excepción de la DC que no acepto) los cuales por sus deseos de poder no
se hicieron suplicar ni un atisbo, porque quieren estar en la
administración pública. Aunque para muchos puede ser muy criticable,
puesto que alienaron sus principios, su moral y su dignidad al estar con
quienes en su momento los rechazaron, el deseo de participar en el
poder es una motivación embriagante.

Ahora
bien, al presente el Frente Amplio está en la contradicción de trabajar
con quienes quería reemplazar, a quienes en el fondo rechazaban por ser
herederos de los vapuleados 30 años de concertación. No estaban de
acuerdo con su política, les bloquearon muchas reformas que eran
consideradas buenas, pero las rechazaron porque ellos ambicionaban mucho
más. Acabaron considerando que todo lo que proponían era insuficiente.

Se
dio la paradoja que en el último gobierno de Michelle Bachelet, el
Frente amplio fue una oposición aún más dura que la misma derecha,
exigiendo siempre mucho más. Pues bien, ahora ellos están obligados a
dar ese más, aunque son incapaces de hacerlo. No tienen los
parlamentarios suficientes para aprobar los proyectos y evidentemente
necesitan de aquellos que antiguamente les negaron la sal y el agua.

A
pesar de todo, el Frente Amplio ahora se concertacionista. No obstante,
al parecer los cargos, el pragmatismo y la alianza circunstanciales
hacen olvidar todos estos sucesos. Bien se dice, a río revuelto ganancia
de pescadores y a olvidarse de todo, cuando el que pesca es el
gobierno. Este arreglo les asegura gobernabilidad, a un precio que se
hace notar al interior de la coalición gobernante.

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