Hace
pocos días en un programa, nos acordábamos de ese experimento social
conocido como “ventana de Oberton”, que nos muestra como en un país
entero puede llegar a introducirse y hacerse realidad algo siquiera un
par de años era absolutamente absurdo e impensable. Es lo que viene
ocurriendo en nuestro país desde Octubre de 2019, y lo trágico es que el
chileno medio carece absolutamente de la percepción de lo acontecido,
la verdad, detrás del escenario, es que estamos en un simple gran
laboratorio en que, desgraciadamente, los habitantes somos las ratas.
Aquí se prueban día a día, las recetas socio políticas más increíbles,
bajo la sentencia de Bachelet: “cada día puede ser peor”. Y,
efectivamente, lo es.
Un tema que sigue siendo “tabú” en los medios abiertos y no tanto, con
censura descarada, es el de la pandemia y su manejo. Se ha estado
inoculando la cuarta dosis de algo que se llama vacuna pero que no lo
es, ya que públicamente se reconoce que no inmuniza ni impide la
transmisión del famoso Covid 19. Pues bien, como aún no han podido
imponer la inoculación, que por tanto tampoco debiera llamarse
vacunación, sea exigible por la fuerza, pero en el hecho lo es, dado que
evidenciándose la inexistente importancia que para el chileno medio
también tienen la libertad y los derechos personales y civiles, con
posterioridad al estado de catástrofe constitucional, el llamado “pase
de movilidad”- instrumento no solo inexistente en la ley sino reñido con
ella- se transformó en obligatorio, y transformo dicho sea de paso, a
miles de emplea-dos de recintos privados como cafés y restaurantes entre
otros, en verdaderos mezcla entre matones y funcionarios del Minsal,
carentes de toda facultad legal exigiendo ese pase de movilidad ilegal
que cada vez que se exige se incurre en un delito económico en cuanto
negativa de venta o servicio, como en cuanto vulneración flagrante de
los derechos de la ley de derechos del paciente. La autoridad no tiene
facultades para establecerlo, tampoco para exigirlo, menos lo tienen
empleados privados de empresas. El ADN policial represivo parece está
presente en millones de compatriotas, que de paso ignoran y menos
valoran un concepto elemental de libertad. Solo existen.
La simple lógica dice que no puede continuar esta mentira y farsa de
las dosis de vacunas que no son, porque el cielo es el límite, y menos
puede seguir esta increíble restricción a la libertad y derechos de las
personas. Pero ahí está el éxito del experimento, la pandemia misma
erradicó todo sentimiento libertario de los chilenos, y junto a vacunas
que no sirven, les inoculó el miedo y la sumisión.
Y ese miedo ha sido y será determinante en el acontecer político de los
próximos meses. Se ha producido una desazón completa en la sociedad
civil, apatía, miedo, llegándose
a un estado nihilista. Todos sabemos que viene una hecatombe nacional,
pero nadie hace nada, casi catatónicos. Mientras, los gestores de este
gran experimento social exitosos que ha transformado a esta nación en
una millonada de ratas de laboratorio, siguen adelante. Es sin duda, el
reino de la mentalidad y realidad de la famosa novela de García Márquez,
“Crónica de una muerte anunciada”, todos sabían que lo iban a matar,
pero nadie hace ni hizo nada. Pues bien, así está Chile, dispuesto a
aceptar que su ser mismo sea destruido. ¿Pensará el hombre medio que eso
es democracia, dejarse asesinar si la mayoría así lo quiere? Porque lo
que se plebiscita en septiembre no es un mero cuerpo juicio normativo,
es la extinción declarada de Chile, una nación libre y soberana. Si lo
duda, escuche el discurso oficial, a los medios, lea ese articulado
trucho de 499 artículos permanentes esperando las normas transitorias,
escarbe y advierta que el concepto de libertad no está ni en uno ni en
la otra. Porque se matará al país como colectivo, como ethos, pero
también a cada individuo, al menos los de menor formación valórica y
cultural, quizás no físicamente pero si en su alma. Es que eso es de lo
que se trata todo esto, Chile es un gran laboratorio del nuevo orden
mundial que se está estableciendo, acá se prueban varias recetas y esquemas que después se aplicaran en otros países del continente y más allá. El caballo de Troya y el enemigo interno funcionan.