El Guasón y la crisis que todos vimos venir

Para su tranquilidad esta columna de opinión no lleva spoilers, sólo reflexión. Porque si usted aún no ha visto “The Joker” (El Guasón) quizás no pierda su tiempo, más aún en el actual contexto político y social. Una de las reflexiones, entre muchas otras, que nos deja el filme es que en algún momento la sociedad colapsa, revienta y se genera la revolución. Generalmente es debido a una acumulación de hechos, acciones, abusos, corrupción, inequidad, injusticia y desigualdad, entre otros. ¿Le suena conocido? Pues bien. Lo que hemos vivido desde el 18 de octubre pasado ha sido digno de una película, con un guión para algunos tétrico y, para otros, de profunda justicia. Lo cierto es que la historia nos demuestra que los grandes cambios sociales surgen desde la revolución social. Este concepto, en sí mismo, tiene a ser visto como algo negativo cuando se aplica a temas sociales pero es cosa de observar para ver todo lo contrario: revolución tecnológica, revolución industrial, revolución cultura e incluso la denominada “revolución de las flores”. Cuando la gente se moviliza es por algo, porque tiene motivaciones suficientes para alzar su voz, manifestar su descontento y buscar cambios asociados a una mejora en su calidad de vida. Precisamente en Chile hemos sido testigos de esta revolución ciudadana. Y es que esta crisis social que estamos viviendo todos la vimos venir, las señales fueron claras, pero siempre es más cómodo quedarnos en la conformidad, en la resignación, que movilizarnos ante lo que sentimos es injusto, rebelarnos contra el abuso. Lo que estamos presenciando, lo que estamos viviendo, no es una “guerra” como han querido hacer pensar, sino más bien todo lo contrario: es un basta, un alto al abuso, un alto a las desigualdades, un freno a la indolencia, principalmente política, de quienes están llamados no sólo a liderar los destinos de nuestro país, sino también a pensar en los ciudadanos, en cómo mejorar nuestro bienestar y calidad de vida. Los políticos llegan y acceden al poder gracias a mí voto, su voto, nuestro voto. Es, a través del sufragio, que llegar a sus escaños. Los partidos políticos se conforman por afinidad y, porque es su echos, la búsqueda del poder. Pero están conformados por personas. Muchos de ellos, una vez que acceden al poder, pareciera que olvidan de dónde vienen, lo que son, a quienes representan. Como lo he planteado en otras ocasiones, el político sabe que puede prometer todo y cuanto quiera más no tiene obligación de cumplir: es el ciudadano quien, asumiendo el riesgo moral, decide si creer o no creer, si no confiar o desconfiar. Eso fue lo que nos cansó: el incumplimiento de las promesas realizadas, de los compromisos adquiridos y de jugar con nuestros sueños. Esta olla a presión, que definitivamente reventó, no es algo fortuito: es la suma de años y años de frustración y resignación en los más diversos temas de interés para las personas: educación, salud, empleo, pensiones dignas, movilidad social, acceso a bienes y servicios, costo de vida, entre otros. Todo lo que están pasando en Chile ni tiene de casual, sino todo de causal: la gente se cansó de seguir estando resignada y, tal como le exigen deberes, también quiere hacer sus derechos. Nadie sabe en que puede terminar todo esto. Son varias las voces que expresan que esta movilización social está recién comenzando. Probablemente ponga en jaque a la clase política la cual se verá forzada a impulsar una serie de iniciativas que, previo a esto, eran imposibles de cumplir pero que hoy, mágicamente, son factibles de implementar o al menos de discutir en el Congreso. También será una señal para los empleadores, para los tomadores de decisión, en cuanto a volcarse a generar y construir un gran acuerdo social en beneficio de las personas. Hubo varias señales previas, a través de manifestaciones o convocatorias masivas, que hacían presagiar que esto podría ocurrir. Los sismos terminaron por liberar la energía ciudadana y desencadenar este terremoto que, de seguro, tendrá más de una réplica. Porque esta transformación social llegó no sólo para quedarse sino también para alzar la voz y enviar un mensaje enérgico a los tomadores de decisión: la siesta fue larga, pero finalmente Chile despertó.

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