Tuvimos que acostumbrarnos a un modo de existir distinto. Tuvimos que replegarnos físicamente y encerrarnos en nuestros espacios. Vimos muchas de nuestras libertades restringidas (nada nuevo bajo el sol, por cierto) y tuvimos que aprender a vivir de otra manera… Para los que vimos partir tuvimos que reprimir el abrazo de consuelo, el acompañamiento silencioso al misterioso espacio de la muerte y aprendimos a demostrar el afecto con la mirada, con la distancia y esconder la tristeza tras los barbijos que no nos dejaban respirar como antaño… De toda esta marcha de las sombras, de toda esta umbría realidad, también, poco a poco, agazapada en nuestros corazones, fue aflorando la esperanza, la bondad, los afectos que se encontraron y que no siempre manifestábamos… Aprendimos, duramente, que las cosas importantes, aquello “que es invisible a los ojos”, estaba al alcance, me rodeaba, me acompañaba y no siempre supe valorar… Extrañé tantas veces el abrazo y beso de mi madre, de mis hijos, de mis hermanos, de mis amigos… Aprendí a querer a mis alumnos vía “on line” y sin verlos siempre, también, creo, se tejió el afecto sincero que aún me mantiene haciendo clases… Y en esta nueva dimensión que me puso la vida, entendí que lo material es eso: cosas, muchas cosas vacías, tantas cosas sin sentido que a veces ni siquiera usaba… Entendí que lo material no reemplaza nunca las “cosas del corazón” y tuve la oportunidad, como hace tantos años no lo hacía, de despertar y ver a mi hijo, estar con él, vivir con él como hace tiempo no lo permitía la distancia y sus estudios… Extrañaba por cierto a mi “bebé” Camila y ratifiqué que el amor existe, que el amor es más importante que todo aquello que me rodeaba… En estas últimas semanas sentí el cariño de tantos y tantos que hicieron posible con sus firmas poder seguir con mi sueño de llegar al Municipio y vi el compromiso sincero de quienes, pese a la pandemia, pese a las restricciones, pese al temor, concurrieron a acompañarnos y decir “estamos contigo”… En estas semanas reconocí a los amigos, cercanos, familiares, exalumnos, exapoderados que me regalaron su respaldo, su compromiso y volví a reflexionar acerca de los afectos construidos, acerca de los afectos que el tiempo parece haber profundizado… Fue un año marcado por las sombras, pero “aunque no lo veamos, el sol siempre está” y espero sinceramente que ustedes también hayan aprendido de esta dura lección, que hayamos crecido en bondad, en tolerancia, en comprensión, hayamos crecido en familia y, sobre todo, hayamos aprendido que las cosas pequeñas construyen enormes realidades… Te deseo francamente un año mejor, te deseo de todo corazón que superemos todos “esta marcha de las sombras” y que lo que logramos en afectos se mantenga, que sigamos creciendo en la sencillez, que agradezcamos cada día lo que tenemos y que empaticemos con los que no… Lo que nos dejó este año nos sirva para edificar un nuevo hombre, mujer, una mejor sociedad y un mejor país… Ha sido doloroso, pero también ha sido educativo… Abraza a tu mujer, abraza a tus hijos, abraza a tus amigos, besa a tus hermanos, agradece a tu madre, a tu padre… Este año nos enseñó con rudeza que somos frágiles, pero también que podemos alcanzar el cielo… Eduardo Peralta (cantautor chileno), hace muchos años nos dejó este hermoso mensaje: “somos una flecha dirigida al corazón del cielo”, no perdamos la oportunidad de volar sobre la adversidad, no olvidemos que lo importante está en lo que menos piensas… Abrazos para todos, paz para todos, esperanza para todos… Con más convicción que nunca: “El sueño existe”… Como siempre, abrazos para todos.
P.D.: menos para los que no aprendieron nada y viven apegados a lo material…