En
los últimos días, parlamentarios oficialistas, la Asociación Chilena de
Municipalidades y diversos gremios de transportistas emplazaron al
Gobierno a poner urgencia al proyecto de ley que busca eliminar el
impuesto específico a los combustibles.
En
contraste, diversos expertos sostienen que suprimir este gravamen
podría generar una baja importante de recursos económicos fiscales que
irían en desmedro de las ayudas a las familias afectadas por la
pandemia.
Todo
ello, en momentos que los combustibles completaron este jueves 28
semanas de alzas consecutivas de precios, sumiendo en la angustia e
incertidumbre a miles de familias del país y sobre todo de la Región de
Magallanes, una de las más afectadas. “Estamos viviendo una tormenta
perfecta en materia de combustibles, pues todos los factores que
influyen en su precio están al alza, pero esto no durará en forma
indefinida”, declaró esta semana la seremi de Hacienda, Lil Garcés,
mientras destaca que “si no fuera por el Mepco estas alzas serían aún
mayores”, afirmó.
El
jueves, el precio de la gasolina de 93 octanos en Punta Arenas llegó a
959 pesos, el litro en la estación Shell de 21 de mayo y en Puerto
Williams alcanzó los 1.141 pesos, el litro. Los valores de la gasolina
de 97 octanos ya superan los mil pesos en toda la región. En la misma
estación de Punta Arenas, llegaba a 1.016 pesos por litro y en Williams,
mil 188 pesos por litro.
A
su vez, en una estación Shell de San Bernardo, en la Región
Metropolitana, la gasolina de 93 octanos cuesta 864 pesos y la de 97
octanos, 902 pesos, un 10% más barata.
– ¿Cuánto pesa el impuesto a los combustibles en todo esto?
El
asesor técnico del Congreso, Nicolás García, responde que, respecto del
precio a público, el Impuesto a los Combustibles corresponde al 36,9%%
del valor final de venta de la gasolina de 93 octanos, es decir, más de
un tercio de su valor. En el caso del petróleo Diésel, el impuesto
corresponde a un 12,3% de su valor final. Por otra parte, respecto a la
recaudación fiscal por Impuesto Específico, entre 2009 y 2017, un 80,1%
corresponde al impuesto a la gasolina, y un 19,9% al impuesto al Diésel.
Y,
sin embargo, pese a ello, son muchos los bien pagados expertos que
insisten en que no es necesario eliminar este impuesto, porque según
ellos, grava con más fuerza a los sectores más acomodados que a los más
vulnerables, desincentiva el uso del automóvil y ayuda a descongestionar
nuestras calles. Lo mejor, dicen, genera una fácil y gran recaudación
para el Estado que representa el 5% de los ingresos tributarios del
país, según cifras del Servicio de Impuestos Internos.
Pero ¿qué enseñarán en Harvard que no se dan cuenta que este impuesto sí golpea a las personas más vulnerables del país?
Más insólito aún es que los combustibles están en la base de la estructura de costos de todos
los productos que consume la población, en Chile y sin embargo, nuestro
país se da el lujo de aplicarles un doble gravamen: IVA y un impuesto
específico.
Más
insólito aún es que se trata de un impuesto que se aplica a un bien
tremendamente relevante y, sin embargo, del cual nuestro país es
tremendamente pobre. No somos Argentina, Venezuela o Ecuador que gozan
de enormes yacimientos de petróleo. Somos, en cambio, un país netamente
importador de combustibles. ¿Acaso no sabían ese detalle tan básico los
expertos cuando plantearon gravar los combustibles?, ¿es que nuestro
crecimiento económico es tan boyante para que las familias más
vulnerables tengan que cargar además con esta otra mochila?, ¿acaso no
es suficiente con que las personas ya tengan que pagar casi un 20%
adicional por todo lo que consumen a diario con el IVA para financiar un
estado y una política ineficientes, para que más encima deban pagar
también por este otro impuesto absurdo?
Ah, es que los transportistas rebajan el impuesto a los combustibles que pagan por el Diésel.
Pero igual pagan y ese costo se traspasa a las personas más vulnerables que lo ven
reflejado cada día al comprar en el supermercado o el negocio de la
esquina, ir a la farmacia a comprar medicamentos o, como está siendo
cada vez más común en esta pandemia, pedir sea lo que sea por delivery.
Lamentablemente
para nosotros, ese mayor coste en el transporte se nota con más fuerza
en Magallanes, donde los camiones deben viajar más de 30 horas para
llegar con la mercadería a Punta Arenas, si es que en medio de todo eso,
los piqueteros argentinos no se les ocurre cortar un puente en
Angostura o levantar una barricada en El Bolsón.
¿Y es tan eficiente como dicen?
Sigamos
con nuestro experto, Nicolás García. “Se considera que el Impuesto a
los Combustibles tiene dos fuentes de erosión, causada por la devolución
a empresas afectas a IVA que usen diesel con un fin distinto al de
vehículos motorizados que transiten por las calles, caminos y vías
públicas en general y para aquellas empresas de transporte de carga”.
“En
su conjunto, en el periodo 2009 – 2017, estas dos erosiones han
disminuido la recaudación en un 71% respecto a la potencial, debido a
que existió una devolución de 3 billones 551 mil 912 millones de pesos (moneda 2018)”.
Sí, leyó bien: 71% de menor recaudación en casi una década. Así de ineficiente es este impuesto.
Sin
embargo, la seremi de Hacienda, Lil Garcés, es clara: no hay planes de
parte del Ejecutivo para eliminar este impuesto, a pesar de medidas
parche como la propuesta de la diputada Amar para disminuirlo a la
mitad… mientras dure el período de excepción.
Garcés
comentó sobre esta indicación: “Es válido presentar modificaciones que
apunten a este impuesto, pero eso tiene que estar estudiado y debe ser
presentado al Congreso por el Presidente que es quien ingresa este tipo
de iniciativas”, cerró.
Sí,
porque según la ley, sólo el Presidente puede presentar proyectos de
reforma tributaria al Congreso… aunque claro, la presión del Congreso
puede dar frutos, pero en esto, poco es lo que se ha logrado.
Alejandro
Avendaño, vicepresidente del Sindicato de Trabajadores de ENAP
Magallanes, se preguntaba esta semana en el programa Las Cosas por su
Nombre de Pingüino Multimedia: “¿Por qué mejor no disminuyen este
tributo y lo reparten entre las empresas y la gente y así de seguro se
recaudaría más plata?”
Ah,
es que Chile tiene un impuesto a los combustibles muy bajo comparado
con la OCDE. ¿OCDE?. ¿Le suena?, países desarrollados. Ni siquiera somos
capaces de construir una olla de cobre y el metal rojo en bruto sigue
siendo
hoy, más que nunca, la mayor de nuestras exportaciones. O sea, seguimos
produciendo materias primas esenciales. ¿Nos quieren comparar con
Finlandia cuando apenas siquiera podemos reciclar un Nokia?
Bueno,
la verdadera razón es más simple: A pesar de todas las reformas
tributarias de los últimos años, incluida una para enmendar la anterior,
de los sesudos análisis y papers elaborados por distinguidos centros de
pensamiento de uno y otro lado, los gobiernos siempre van a escoger el
camino más fácil: golpear a los más débiles, es decir, a los 17 millones
de chilenos que ir contra los más poderosos y sus bien aceitadas
maquinarias de lobby en el Congreso y en el Gobierno. Por eso, quizá
tantos “expertos” defiendan con ardor mantener este impuesto.
Yo
en cambio, creo que hay que cambiarlo, reducirlo, eliminarlo de una,
ojalá… pero pronto, porque no sé si usted podrá aguantar otras 28
semanas de aumento de precios de los combustibles. Humildemente, creo
que muchos en Punta Arenas, Porvenir, Puerto Natales, San Gregorio,
Cerro Sombrero y Puerto Williams, dirán que no pueden seguir aguantando
semejante escalada de precios. Pero tranquilo, ya pasará.