Estamos cerrando el año escolar más irregular del último siglo, porque enfrentamos a la peor pandemia en más de 100 años. Un año escolar vía online, sin clases presenciales. A estas alturas bien vale la pena hacer unas cuantas reflexiones: la educación vista desde el punto de vista económico es una de las mejores herencias que los padres pueden dejar a sus hijos y no debe ser considerada como un gasto de consumo en el presupuesto familiar, dado que los frutos del esfuerzo desplegado por padres e hijos se van a obtener a largo plazo y ellos pueden ser bastante significativos para sus vidas personales y de grandes satisfacciones en lo profesional. En el actual sistema educativo hay 90 mil profesores en ejercicio y existen 130 mil alumnos matriculados en las escuelas de pedagogía, pensando que el Estado resguarda la estabilidad funcionaria de los actuales profesores, salvo algunas excepciones que no alteran la mantención en el sistema pensando en jubilar algún día sin mayores incertidumbres, como la ley establece. Pero hay que preguntarse, ¿hacia dónde van a confluir los 40 mil profesores que egresarán de las universidades? ¿Hoy tenemos a los mejores pedagogos? Para enseñar a leer y escribir se requiere de profesores con habilidades y condiciones especiales y ahora además deben estar capacitados con las nuevas tecnologías y aplicaciones, porque no sabemos que nos depara el futuro cercano. También se debe poner atención en que hay que exigir que haya profesores especialistas en cada asignatura y finalmente formar profesores de enseñanza media para atender a los jóvenes, que deben ser preparados adecuadamente, para postular en mejores condiciones a las carreras profesionales que ofrecen los institutos superiores o universidades.