El legado y el delegado

A
pocos meses que termine su periodo este gobierno, comienzan los
balances de la gestión y de lo que han sido estos últimos cuatros años.
Irremediablemente el mandato del Presidente Sebastián Piñera quedará
marcado por hechos que la historia recogerá en sus libros y relatos. Los
delincuenciales hechos de octubre del año 2019 y la reacción del Primer
Mandatario, serán recordados como una de las páginas negras de nuestra
historia. Que un grupo organizado desde las sombras haya conseguido por
medio de la violencia extrema, cambiar el destino de nuestro país y que a
ello se le quiera dar connotaciones épicas y casi heroicas, es sin
lugar a dudas, una mancha indeleble en nuestra vida como nación. La
reacción del Presidente Piñera, y he aquí su legado, en menos de un mes
desde los luctuosos hechos, fue entregar la Constitución Política y el
sistema económico chileno, que permitieron que los cuarenta últimos años
el país haya progresado como nunca en su historia y haya reducido
también como nunca, las desigualdades sociales en nuestro país,
circunstancia reconocida mundialmente por autoridades y académicos
serios. En lo personal, sostuve públicamente que el Presidente debía
renunciar el 2019, junto con todos los congresistas y llamar a
elecciones anticipadas para descomprimir la situación. El camino del
Presidente fue permanecer en el poder, aferrado a su orgullo, viendo
como el país que iba en constante progreso se disolvía antes sus ojos.

El
legado de este gobierno es dejarnos una Convención Constitucional en
donde hasta el carácter de república de nuestro país se pone en
cuestionamiento; en donde el poder lo tienen minorías que imponen su
agenda y sus términos. A esto se le quiere llamar eufemísticamente un
reencuentro, cuando en realidad se quiere refundar Chile en base a una
ideología que fracasa y ha fracasado en donde se ha puesto en práctica.

Y
cuando pensábamos muchos que una administración de este tipo no tendría
continuidad, desde La Moneda se arma un tinglado para que alguien de
centro izquierda esté al frente de una coalición de derechas, y
continuar de esa manera con un delgado en el poder. Y se nos quiere
convencer que no debemos hablar del “pasado”, que el hacerlo es estar
anclado a “la vieja política”, esa que sólo mira hacia atrás. Sin
embargo, tal trama discursiva quiere esconder el profundo fracaso de
este gobierno ante la historia. Se pretende no hablar ni pensar de cómo
líderes y referentes de la derecha chilena estuvieron abiertamente por
hacer un nueva constitución, pensando ingenuamente que tendrían un poder
de veto. La realidad estalló en sus caras y en el Chile sensato y
trabajador, que hoy ve cómo un grupo de nuevos políticos están a un paso
de imponer su ideología y empobrecernos.

Precisamente
el estudio y la reflexión sobre los hechos pasados, eso que se llama
Historia, nos ayuda a forjar un mejor presente. Cuando un candidato sólo
habla de futuro, es porque el pasado lejano o reciente, no le acomoda,
reniega de él o está implicado de una manera inconveniente. Para que
nunca más en Chile un Presidente y un Gobierno le dé la espalda a su
electorado; para que nunca más en Chile la violencia y la intolerancia
desvíe el destino del país. Para ello debemos evitar el legado y al
delegado de un gobierno que renegó de su función esencial, así como
evitar que del fuego caigamos a las brasas y entregar el país a la
izquierda disolvente.

Contenido relacionado

Envíanos tu denuncia o información AVISOS ECONÓMICOS