Durante
estos últimos cuatro años, como dirigentes del Colegio de Contadores en
Magallanes, hemos acompañado a las familias de nuestros colegas
colegiados que parten al eterno descanso: don René Andrade Pérez, don
Luis Arroyo, don Miguel Ángel Ruiz Henríquez, don Rene Humberto Ojeda
Miranda y don Miguel Oyarzo Bórquez, todos que en paz descansen.
El
contacto o cercanía con los colegas nace generalmente por haber sido
compañeros de curso en el Liceo o Instituto Comercial o en la enseñanza
superior. Otros vínculos nacen en capacitaciones o postgrados, o por la
vida misma. Como decía hace años una autoridad nacional de salud, al
hacer vida social en las largas esperas en los servicios públicos, en
especial antes de la pandemia, que servía también de catarsis por los
problemas que eran transversales.
Cada
oficina contable es un feudo profesional, en donde el dueño o fundador
recluta nuevos colegas o administrativos para brindar servicios contables, tributarios y laborales a clientes que pasan a estar bajo su alero protector.
Cuando
concurres al velatorio de los colegas, percibes el legado familiar.
Viuda, hijos, hijas y nietos(as) que afectados por la partida agradecen
con una sonrisa el pésame entregado en nombre personal y de los
colegiados. Ellos no nos conocen, pero si la importancia y rigurosidad
de la profesión, ya que seguramente el colega que nos deja, compartió en
el almuerzo o cena las dificultades y desafíos permanentes del
ejercicio profesional. En ese momento, somos testigos del legado de
amor en los seres amados, que junto a los amigos más cercanos son el
circulo incondicional de cariño del colega ausente.
Después
viene otro circulo que, sin ser familiar, reflejan un hondo y sincero
pesar. Ellos son los colaboradores(as) que están en la despedida del
jefe. Persona con la cual compartían 8 horas diarias, y en la renta
muchas más, y que con su trabajo daban vida al cumplimiento laboral y
tributario de los clientes de acuerdo a las orientaciones del líder.
El, marca la pauta y los colegas, la hacen realidad. Y ese es el legado
que quiero destacar.
Los
contadores independientes dejan un legado ético, conocimientos,
disciplina, estrategias y trato con los clientes. Cada uno de estos
feudos contables en realidad son escuelas de aprendizaje permanente para
muchos colaboradores que han trabajado en ellos. Sin darse cuenta se
modela a un nuevo (a) profesional para trabajar de acuerdo a un patrón
de comprobado éxito y que, en forma inconsciente, el aprendizaje será
aplicado en el futuro con los matices pertinentes a la época y exigencia
de cada momento, y heredado a otra generación.
Todos
tuvimos maestros en las escuelas, liceos y universidades, pero también
los hemos tenido en la vida laboral. Hoy el homenaje es para ellos, para
quienes ya no están con nosotros y han dejado una escuela.
Y si tus maestros aún están en este mundo, envíale un afectuoso saludo.
Para él, es más gratificante escucharlo en vida que a través de una
oración.