Este cuento infantil, el
de los tres chanchitos y el lobo, aplicable por el fraude electoral del
dictador venezolano, por estos días ha obligado a modificar su nombre,
debido a las circunstancias derivadas de ese acto delictual.
Es
que hacer fraude electoral es un delito y quienes son sindicados como
autores materiales e intelectuales, porque hay de ambos fechores, son,
lisa y llanamente delincuentes a nivel internacional.
El
lobo de este cuento ustedes saben que es un sujeto mendaz, profesional
de la mentira y del uso de un lenguaje retorcido y lleno de
contradicciones que busca que lo favorezcan en sus andanzas sin dejar el
poder.
Se
sabe con certeza, porque la frase de Mac Luhan de que el mundo es una
aldea, confirma que el Presidente electo de Venezuela es Edmundo
González y no el innombrable y corrupto dictador, y ello ha puesto en
evidencia que, al revés de la historia infantil, hay varios puerquitos
que no sólo no le temen al feroz animal sino que, además, lo cuidan, lo
miman, lo protegen.
Las
actuaciones y declaraciones de los comunistas chilena, de la mayoría de
sus dirigentes (porque hay muchos que disienten de la otrora granítica
estructura partidaria de la hoz y el martillo) le han generado problemas
a la administración de nuestro Chile, una grieta que separa a la
izquierda democrática de quienes tienen un concepto muy diferente de lo
que es, de verdad, el sistema democrático que nos rige, con baches,
claro, pero democrático, a fin de cuentas.
Pero
hay tres verracos que buscan ayudar al lobo y dejarlo en el poder, con
discursos y propuestas tramposas, recetas viejas como los gobiernos
compartidos o nuevas elecciones: propuestas curiosas, por decir lo
menos, porque un tal Lula, un tal Preto y un decrépito “Pancho
Pistolas”, son hábiles y expertos en trucos sucios, triquiñuelas y
trapisondas político–electorales.
Los
demás “chanchitos” están en Nicaragua, Cuba, Moscú y hasta Corea del
Norte y me alegro que Chile no vaya a caer en esos chiqueros porque,
aunque se escuchen algunos berridos porcinos, aquí creemos en el sistema
democrático y todo lo que implica.
Y
siguiendo con esta columna, respetuosamente pido a nuestras autoridades
que, como en mi tierra huasa, cuando los sembrados eran atacados por
esos animalitos, se les diga con fuerza y sin temor alguno: … Ah,
chanchos… fuera, fuera… y se iban.