En
las regiones de Los Lagos, Aysén y Magallanes se ha concentrado por más
de 30 años la producción acuícola, en especial la salmonicultura, como
una actividad económica importante con unas 1.388 concesiones otorgadas y
más de 200 en trámite. Coincidentemente con ello, dichas regiones
concentran la mayor superficie de áreas protegidas a través del Sistema
Nacional de Áreas Silvestres Protegidas del Estado (SNASPE), alcanzando
un 91% del territorio bajo parque nacional.
En
este contexto, vemos con preocupación la noticia de la tramitación del
proyecto de Ley SBAP, en la Comisión de Agricultura de la Cámara de
Diputados, donde se aprobó la operación de concesiones industriales
dentro de áreas protegidas.
Esta
decisión es contradictoria con uno de los objetivos principales del
proyecto de ley: dar mayor protección al sistema de áreas protegidas y
la conservación de la biodiversidad. Tampoco se estaría respetando la
“Convención de Washington”, Tratado Internacional (TI) al cual Chile se
suscribió y ratificó en 1967, en el cual se establece la protección de
los parques y reservas nacionales. La constitución vigente obliga a
respetar los TI, por lo tanto no puede imponerse una Ley por sobre uno
de ellos.
Además,
a fines del 2021 un grupo de parlamentarios presentó un proyecto de
modificación a la Ley 18.892 General de Pesca y Acuicultura, cuyo
objetivo es excluir la actividad de cultivo de especies hidrobiológicas
exóticas en áreas protegidas, proyecto que fue apoyado por más de 60
organizaciones y comunidades ligadas a la protección del medioambiente.
Sin
duda, las floraciones de algas nocivas como la ocurrida en el fiordo
Comau el año pasado, producto, entre otras, de la mortandad de más de
2.700 toneladas de salmones y la presencia de especies invasoras, como
la anémona Metridium senile en la zona de Carelmapu, ponen en riesgo la
permanencia o existencia de recursos de interés para la pesca
artesanal, como los erizos de mar y los mitílidos. Un estudio reciente
de Häussermann, Molinet, Díaz y Försterra muestra con claros ejemplos,
el daño que estas actividades provocan en nuestros océanos, al ser
eventos que suponen una amenaza a la permanencia de los recursos.
Fortalecer
nuestras acciones encaminadas a revertir la pérdida de biodiversidad es
un objetivo necesario para asegurar un planeta saludable y al mismo
tiempo una industria con mejores perspectivas en un horizonte de largo
plazo. Diversos estudios sugieren que, si se mitigan las presiones a
las que se ven sometidos los océanos, una recuperación importante de la
vida marina podría lograrse para el 2050. Es evidente en este sentido
que conservar, aumentar nuestro sentido de responsabilidad y restaurar
la vida marina representa una obligación ética para la humanidad.