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de junio es el Día Mundial del Medio Ambiente, y los medios tímidamente
nos han refrescado la conciencia de que somos nosotros los que podemos
cambiar los hábitos en nuestra vida para reducir el daño a la
naturaleza. Medio ambiente es todo lo que nos sustenta y nos permite
desarrollarnos como civilización. ¿Cómo podemos cuidarla?
Estamos
convencidos de que nuestro rol en la Tierra es para aprovecharnos de lo
que ella nos entrega, y mientras tanto generamos desechos a niveles
nunca antes visto. Mientras más seamos, más será el problema. Estamos
conscientes de que nuestra estadía en este mundo es de apenas unos
decenios si tenemos suerte y no nos alcanza una enfermedad, un accidente
o simplemente la vejez. Nos olvidamos que algún día no estaremos y
pareciera que pensamos que hay que vivir lo que nos toca, porque después
de esto no hay nada.
Ese
sentimiento de egoísmo es fomentado minuto a minuto por una cadena de
producción de ofertas que se crea y hay que consumirlo y al poco tiempo
hay que desecharlo aunque todavía sirva. Lo desechado se va a una bolsa y
de ahí comienza el ciclo de la pudrición.
Nuestro
verde planeta poco a poco se ha ido convirtiendo en un gran basurero.
En alguna parte hay que depositar todo lo que se tira y vemos trenes de
camiones llevando sus cápsulas atiborradas de todo tipo de trastos:
plásticos, madera, vidrios, metales, ropa, aceites y cuanta materia
prima se haya utilizado como base de confección. Por más que se intente
generar conciencia sobre el debido destino de cada tipo de residuo, el
vertiginoso ritmo de nuestras vidas no nos permite frenar y organizar
las cosas y tratar de no producir contaminación.
Sabemos
que el ritmo de crecimiento de la basura nos pondrá indefectiblemente
en un sistema parecido al que presenta el animado Wall-e, donde ya no se
encuentre un espacio sin basura o esta será tan hedionda que no se
podrá respirar en rededor. El problema es que nadie quiere tener
vertederos cerca de su casa, vecindarios o ciudades y, salvo en regiones
despobladas como Magallanes, en el resto del país no hay lugares que
sirvan a esos fines. Los que más generan viven en sectores acomodados
que saben que nunca tendrán ese problema. El drama es para los que viven
hacinados.
Estamos
llamados entonces a generar buenas prácticas de uso de los desechos, a
reciclar cuanto podamos, a compostar orgánicos para generar nueva base
de vida, a no quemar lo que dañe el medioambiente porque eso mata a las
abejas que son las verdaderas salvadoras del planeta. El medioambiente
comprende un conjunto de componentes físicos, químicos y biológicos
externos con los que interactúan los seres vivos y que sostienen toda la
biodiversidad planetaria. Es tan débil la estructura de la Tierra que resulta que los únicos que parecen que sobramos de él somos los seres humanos, quienes somos los únicos, en una generalidad casi extrema, que carecemos del compromiso de solucionarlo.
La
mugre de varias naciones, que carecen de espacios para reciclar, es
retirada por grandes buques que la trasladen a otras naciones, pero sin
ningún miramiento las arrojan en el medio de los mares formando islas de
desechos tan grandes como nuestra misma península de Brunswick, de cuyo
tamaño tampoco tenemos conciencia. Lo importante es que el 8 de junio
es el Día de los Océanos y debería
haber un recordatorio permanente de la enorme importancia que estos
tienen para regular la vida y que no se vuelva en un hervidero de
muerte.