El mesianismo amarillista

Su
irrupción no pasó desapercibida. En el comienzo fueron cerca de 70 los
firmantes, todos de alta alcurnia y en su mayoría exconcertacionistas. A
la fecha, y liderados por el escritor–poeta Cristián Warnken, han
seguido sumando adherentes a su ¿causa?

Porque
si bien los autodenominados “Amarillos por Chile”, a través de una
carta, manifestaron su preocupación por el actuar y accionar de la
Convención Constituyente (y sus convencionales), lo cierto es que muchos
de los firmantes del texto, curiosamente, votaron por la opción
“Apruebo” en el plebiscito del año 2020. Cierto, usted bien podrá pensar
“¿y qué tiene que hayan votado por el Apruebo?”, y tiene razón en
pensarlo. No obstante, en el caso de quienes firmaron esta misiva es
bastante más imperdonable (respecto de usted, mi buen lector) toda vez
que son personas que pertenecen a la elite, han sido (y en algunos casos
lo siguen siendo) tomadores de decisión y ocupan espacios de alta
influencia, tanto nacional como internacional. En el fondo, hablamos de
personas medianamente inteligentes, medianamente pensantes y que son
capaces de anticipar las causas y efectos de su toma de decisiones.

Porque
lo que este nuevo colectivo, que emerge desde la tibieza del
amarillismo ante la ausencia del centro político, liberales de cartón y
la debacle democratacristiana, si bien tiene un argumento legítimo en
cuanto crítica intelectual a la Convención, lo cierto es que el texto
que propone la conversación termina siendo una endogamia en la cual la
elite se sigue hablando a sí misma y no a las personas. Esto no deja de
ser curioso toda vez que el eslogan del otrora impuesto referente
(Sichel) tenía en su retórica eso de “las personas en el centro”. Pero
como Sichel fue derrotado apabullantemente ahora, el mismo grupo quiere
imponer un nuevo liderazgo (Warnken), uno cuyo conocimiento de la calle
se ubica en el radio entre las avenidas Vitacura – Vespucio – Apoquindo y
lo más cercano al centro es el Palacio de La Moneda.

Nadie
pone en duda ni cuestiona las credenciales formativas y trayectorias de
estos personajes. Nadie podría poner en entredicho que les une una
convicción (y que de los arrepentidos es el reino de los cielos). Pero
lo que este grupo de amarillos sigue sin entender es que para tener una
nueva Constitución se realizará un plebiscito de salida, de voto
obligatorio, y que el Gobierno entrante tendrá todo a su favor para
apalancar una campaña comunicacional a nivel nacional en un documento
que si bien tendrá una serie de artículos y párrafos “oh wait”, también
vendrá acompañada de una serie de derechos sociales garantizados que hoy
no lo están, así como también la representatividad demandada por las
mayorías tanto étnicas como sexuales, entre otras.

Entonces
este mesianismo (donde ellos tienen la razón y el resto están todos
equivocados) que probablemente comenzaremos a ver, leer y escuchar por
parte de estos “amarillos”, lo más probable es que evidencie su alto
grado de conexión en medios de comunicación, especialmente en la
capital, mas no necesariamente su capacidad de convocar y movilizar a
las urnas.

Lo
que “Amarillos por Chile” olvidó completamente en su derrotero
conversacional fue, precisamente, que las elecciones se ganan con
propuestas, ideas y (lo más importante) votos. Y esos votos no se
concentran en las minorías influyentes (elites) sino en la construcción
de mayorías, las mismas que sí consideran (a diferencia de esta elite
amarilla) a la querida “señora Juanita”, quien, por cierto, no firma ni
fue considerada en la firma de esa carta.

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