El microbioma y cambio climático: Segunda parte

En
la entrega anterior hablamos de cómo los microbios son los dueños del
“reloj de la vida”, es decir, de los engranes bioquímicos que mueven los
ciclos biogeoquímicos. Por lo tanto, es muy importante saber qué les
pasa a estos bio-ingenieros fundamentales en la especie de “apocalipsis”
del siglo XXI a la que nos enfrentamos.

La
llamo “apocalipsis” con comillas porque no creo que sea un destino
manifiesto, sino que es algo que tenemos que entender y abordar de
manera urgente. Las calamidades son muchas y las tenemos encima: cambio
climático global, agujero de ozono en la zona austral, basura por todos
lados, mares muertos por exceso de nutrientes, agua contaminada y
especies extintas al perder su hábitat. Los problemas se ven tan enormes
que no sabemos ni cómo empezar a deshilar la madeja de errores humanos y
enderezar lo torcido.

Yo
pienso que, además de un cambio definitivo de conciencia y de patrones
de consumo, la clave la pueden tener los microbios bio-ingenieros del
microbioma del mar; recordemos que ellos cambiaron un planeta anaranjado
en uno azul y que ellos, capturando carbono en los arrecifes de
estromatolitos, precipitaron congelaciones globales.

También
recordemos que la mayor parte del oxígeno que respiramos lo producen
los pequeños bichitos fotosintéticos del mar, eso sin quitarles
importancia a los bosques y a las selvas que también están amenazadas.
Pero antes de ponerlos a trabajar, tenemos que entender cuáles son sus
límites, sus señales de alarma y los ambientes donde pueden crecer
mejor; para hacer esto, en Fundación Cequa vamos a iniciar la próxima
primavera del 2021 un estudio a cinco años de la respuesta del
microbioma de la cadena alimenticia de Magallanes.

A
diferencia de otros estudios que han explorado principalmente el
microbioma intestinal, nosotros vamos a explorar la respuesta a las
diferentes temperaturas y salinidades de los fiordos de la zona en los
microbios que están en las plumas de los pingüinos, la piel de ballenas
jorobadas, lobos marinos, el caparazón de las ce
ntollas,
las escamas de las sardinas y salmones, así como los pequeños
crustáceos que son la base de la cadena alimenticia (munidas) y la
superficie del sargazo.

La
idea es que la piel es lo más inmediato en contacto con el ambiente, en
este caso el mar, por lo que al comparar el mar no solo la composición
de la comunidad microbiana sino que proteínas asociadas al estrés que
están expresando esos microbios así como los animales de la cadena
alimenticia, podremos tener una visión de la vulnerabilidad de la fauna
extraordinaria de Magallanes, un laboratorio vivo para entender el
efecto en la vida de cambio climático así como el efecto del ozono, ya
que esta zona austral de Chile es un punto clave donde algunos glaciares
están creciendo mientras que muchos se están retrayendo. Estas
diferencias se deben a que el estrecho esta influenciado por las
corrientes de tres océanos: Pacífico, Atlántico y el Austral que rodea
Antártica, y cada una de ellas está respondiendo de manera diferencial a
cientos de variables a nivel global.

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