Que
podemos agregar a lo ya dicho en estos días, el miedo le ganó a la
esperanza, el equipo de Gobierno hizo lo que parecía imposible después
del estallido social. Por cierto, en otro contexto, cabe recordar que en
1988, para el plebiscito en que correspondía decidir si Augusto
Pinochet seguía o no en el poder hasta el 11 de marzo de 1997, el
resultado fue 44% por el Sí y 55,99% por el No, del total de votos
escrutados, el Sí obtuvo el 43% y el No el 54,7. O sea, al Gobierno del
Presidente Boric, le fue peor en un par de meses, en democracia, sin
militares en la calle, en un proceso transparente, con una participación
ciudadana inédita y un proceso intachable en su forma.
Este es un triunfo extraordinario del modelo neoliberal, el más
relevante, quedó atrás el fin de las AFP, no tiene sentido una educación
sin lucro o los abusos de las ISAPRES, el pueblo se pronunció, y con
este resultado ni los amarillos, ni los rosados, ni la derecha más dura
está en la obligación de conversar ninguna reforma, con este resultado
pueden esperar tranquilos porque el rechazo se votó para conservar lo
medular del modelo, el resto es el canto del cisne, de una generación
que quiso ir demasiado rápido y no pudo, que careció de pragmatismo, que
fue incapaz de generar mayorías y una política de alianzas en favor de
los cambios.
A diferencia de la opción rechazo, en realidad el apruebo no estuvo en
campaña, confió en la sabiduría del pueblo y entregó el resultado al
destino, a las grandes transformaciones históricas que ineludiblemente
llegarían, y a esa gran mayoría silenciosa que históricamente no votaba
donde la inercia hizo su trabajo, transformándose en mayoría con el
voto obligatorio. O sea, todo un bochorno y una serie de errores que
no corregirá un cambio de Gabinete.
Afortunados los que habiendo votado apruebo, siempre reconocimos un
pasado en la Concertación, defendimos su obra y las realizaciones en el
marco de lo posible, porque este resultado demuestra que los trancos
eran más cortos, el marco de las posibilidades mas estrecho, y guste o
no, los últimos treinta años importaron importantes logros para una gran
mayoría de chilenos que no está dispuesto a arriesgar.
Por
eso, el temor le gano a la esperanza, ante una Convención
Constituyente, que no logró un trabajo coordinado, que perdió desde sus
inicios la necesaria credibilidad con el escándalo Rojas Vadel, que pecó
de maximalismo y una inflación normativa en materia más propias de la
ley común o inclusive de un reglamento. En definitiva, se votó contra
un programa de gobierno, que ahora lo obliga a reconvertirse en la peor
forma, siendo menos transformador hasta diluirse por completo, si quiere
subsistir con alguna formalidad, salvando las pilchas.
Sin
lugar a dudas, una gran pérdida, oportunidad que se va no vuelve y
ahora tendrá que ir a la mesa del pellejo, a disputar el maquillaje a la
Constitución de 1980, que le permita seguir gobernando.