El ministro porfiado

“Ahora cada persona que renuncia en el Gobierno, son mártires y ejemplos de servicio público y sacrificio… Sean honestos x una vez x favor!”, tuiteaba en el año 2012 Giorgio Jackson, en ese entonces un destacado dirigente estudiantil, hoy, un alicaído ministro de Desarrollo Social. 

Citando al propio Jackson de 2012, hoy sí que se necesita honestidad para la situación del Jackson 2022 en el gobierno. El actual ministro es el gran problema que tiene el Presidente Boric en credibilidad y acuerdos, y ese fantasma se va a mantener si es que sigue como secretario de Estado. 

Jackson se está convirtiendo en la promesa rota de la nueva política, en el rostro del fracaso de la exitosa generación del 2011, aquella que puso en la cumbre al movimiento estudiantil. Su carrera en el gobierno ha estado llena de sombras, poco y nada de luces. Su debut inicial como Ministro Segpres, dejó un saldo de adversarios al gobierno no solo en la oposición, sino un claro desorden en el propio oficialismo, en un paso que no supo de victorias políticas. 

El actual ministro es la mochila que más pesa para La Moneda. En un intento de reposicionarlo, lo trasladaron al Ministerio de Desarrollo Social, el ministerio de las “buenas noticias” y ni así puede brillar. En la actualidad no hay una imagen y mensaje claro del ministerio que tiene que ser un aporte a la clase media y vulnerable de este país porque, a regañadientes y tarde, Jackson intenta dar explicaciones del robo más insólito en un organismo del Estado. 

En un error que quedó al descubierto, en una carta la oposición trató de imputarle, sin pruebas, participación en los delitos en el contexto del caso fundaciones y además condicionar la reforma de pensiones a su salida del ejecutivo. Un autogol enorme, un costalazo monumental que solo afirma a Giorgio en su puesto y además le da la posibilidad de victimizarse ante la opinión pública.

El ministro Jackson tiene que ser honesto y asumir su responsabilidad política en la crisis más grave y que marcará el gobierno de su amigo presidente. No hay nada que se le pueda imputar, sin embargo, la vara que el mismo y su bloque marcaron en la política, obliga a que reaccione. Es el rostro del partido en polémica. Un 46%, según Cadem, asocia su nombre al caso convenios y del poco más de 60% de desaprobación que tiene el mandatario en su gestión, una parte importante es gracias a Jackson. 

Pedir al Presidente Boric que saque al ministro de Desarrollo Social, es ya hoy una batalla perdida. Solo decir que en la tradición republicana siempre rige que son los ministros quienes tienen que cuidar al Presidente de la República y no al revés. Hoy Jackson sí que debería reflexionar su permanencia, porque no solo es un blanco fácil y de críticas por parte de la oposición, si no, de una gran mayoría ciudadana.

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