El ministro

La
obediencia a las directrices que ha impuesto esta pandemia nos ha
mostrado lo más altruista del ser humano y también las debilidades, la
inconsecuencia y la estupidez que difícilmente deja de sorprendernos.
Nos recuerdan algunos pasajes en las obras del escritor y filósofo
italiano Umberto Eco, que se refería a la legión de imbéciles.

En
estricto rigor no debería afectarse la libertad de desplazamiento ni
los horarios, para cumplir las medidas tendientes a prevenir el contagio
del virus y evitar ser vehículo o portador del mismo. Bastaría
solamente con la consciencia y la responsabilidad personal que una buena
parte de la ciudadanía observa. Se ha dicho hasta el cansancio que
ojalá asista solo una persona por familia a los centros de
abastecimiento de alimentos, pero el comportamiento a veces
inconsecuente hace que circulen personas con una conducta asimilable a
una suerte de paseo familiar, sin tomar los más mínimos resguardos. Es
solo uno de los tantos ejemplos de la falta de conciencia de algunas
personas, que sienten temerariamente que la enfermedad no les llegará.

Lo
más grave es enterarse a través de la información de los medios, de la
conducta de personas que ostentan cargos de autoridad, que infringen las
directrices del gobierno y sigan sin recibir sanción alguna. Sus
posiciones agravan la situación.  Son de esas personas que habitan una
comunidad o ciudad,  pero no la viven y vergonzosamente aspiran a
dirigirla o
decidir políticas públicas para los demás.

Contrasta
lo anterior con la actitud del Ministro de Salud de Nueva Zelanda,
David Clark, quien tras haber quebrado la cuarentena de su país por
covid-19,  al desplazarse con su familia a la playa, expreso “soy un
idiota”, agregando,  “como ministro de Salud, es mi responsabilidad no
solo cumplir las reglas sino dar ejemplo a otros neozelandeses” y
enseguida presentó su renuncia. En el caso nuestro, ni disculpa, ni
autocalificación y menos aún renuncia. La pregunta inmediata que surge
es, ¿Qué les faltará esas personas, que no imitan la actitud del
Ministro?, ¿Qué les faltará a sus jefes que no  actúan para sancionar?
¿Será que el partido tal o cual no lo permite? ¿Será que son ahijados
del o la parlamentaria de la región respectiva?, o peor aún,  ¿Será que
lo único realmente  inteligente que tienen es el teléfono que utilizan?

En
oposición  a lo anterior,  se sancionan a personas que a veces por
necesidad deben forzosamente  salir de su casa para poder llevar unos
pocos alimentos a su grupo familiar, tal como ha quedado demostrado en
testimonios realmente desgarradores. Deben,  “decidir entre una
cuarentena en casa o pasar hambre por no poder trabajar”.

Actitudes
egoístas,  que también contrastan con el permanente riesgo  que corren
 los trabajadores “esenciales”, personal de la salud, vendedores de
alimentos, recolectores de basura y otros que invisibilizamos, pese a
que posibilitan lo n
ecesario y urgente para nuestra sociedad.

Mientras
no se cambie la perspectiva de  visión cómoda y egoísta de personas que
acceden a cargos públicos, se profundizará  en el camino del
 “estallido social”, que seguirá incubándose por la inoperancia de
personas  del propio Gobierno.

Chilean style, chutear los problemas y esconderlos debajo de la alfombra.

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