El No, la Concertación y gobernar

En enero de 1988 un grupo de partidos conformaban la Concertación de Partido por el No, con la finalidad de derrocar la dictadura de Pinochet a través del voto. Convencidos de que
la unidad permitiría superar los miedos para recuperar la democracia,
fueron capaces de aceptar su diversidad, incluso sus diferencias y
enemistades, por el bien de Chile. Bajo el lema “Chile
, la alegría ya viene”, esa noche del 5 de octubre el triunfo del No abrió las grandes alamedas, por donde volvió a pasar el hombre libre para construir una sociedad mejor. La historia dice que la victoria del No hizo entender a las fuerzas concertacionistas que el triunfo era frágil y que solo la unidad
permitiría consolidar la democracia en Chile. De esta forma decidieron
seguir juntos y enfrentar la primera elección presidencial y
parlamentaria pos
dictadura. Nace la
Concertación de Partidos por la Democracia, quizás la alianza política y
electoral más exitosa en la historia de la república. Aylwin, Frei,
Lagos y Bachelet permitieron a la Concertación gobernar por 20 años. Así
comienza el periodo conocido como Transición a la Democracia,
caracterizado por las amarras de la Constitución (democracia tutelada) y
la constante amenaza de golpe militar. Los gobiernos concertacionistas
se dieron la tarea de proteger y consolidar la democracia, abordar la
reparación de los derechos humanos, atacar decididamente la pobreza y
las desigualdades sociales, y administrar con responsabilidad fiscal
para lograr un equilibrio económico sostenido. En este periodo Chile
alcanzó un crecimiento promedio de 5%, avanzó en modernización, mantuvo
una inflación controlada y, sobre todo, una reducción histórica de los
niveles de pobreza.
Pero
no todo fue luz, también hubo sombras. La Concertación fracasó en
proponer un modelo económico y social distinto al de la dictadura
, y
si bien logró incorporar medidas que corrigieran la desigualdad y el
acceso a oportunidades con mayor justicia, terminó consolidándolo. La
Concertación en el ejercicio del poder, quizás atrapada por las
condiciones, había confundido el rumbo y las prioridades, en vez de
anteponer la justicia, equidad o igualdad se priorizaba estabilidad y
viabilidad. Con ello
se aumentó la
concentración de la riqueza, la mercantilización de muchos procesos
sociales y el endeudamiento masivo de la población, lo que trajo consigo
las primeras grandes movilizaciones sociales y la irrupción de
movimientos que exigían un nuevo sistema que se hiciera cargo de los
problemas e injusticias de nuestra sociedad. La
Presidenta Michelle Bachelet fue quizás un intento de corregir el rumbo, pero muchos, de ambos lados del espectro político, no se lo permitieron. De esta forma la alegría que vendría quedó pendiente y la alternancia política, con mareas de votos hacia la izquierda o derecha,
se instaló en la última década en Chile, acelerando el péndulo hacia
posiciones más extremas. Piñera desde posiciones más conservadoras pero
tradicionales de derecha dió paso a Gabriel Boric
,
del Pacto Apruebo Dignidad, de ideas más progresistas y
transformadoras. Apruebo Dignidad es un pacto entre el PC y el Frente
Amplio que tiene como meta superar el modelo neoliberal, pero también la
Concertación, porque sienten tener una “escala de valores y principios
en torno a la política” muy diferente. De esta forma su plataforma
política se basaba principalmente en la crítica a la obra de la
Concertación. De una u otra forma un discurso basado en la disputa del
poder, donde la principal acusación eran los abusos y las desigualdades,
con un tufillo a corrupción.
A seis meses del gobierno del Presidente
Boric, luego de una derrota electoral e ideológica histórica, la
Concertación ha sido llamada a dar conducción y viabilidad a una gestión
entrabada. Lo que hace poco era una forma y opciones de gobierno
altamente criticadas hoy son vistas como una alternativa necesaria y
complementaria para enmendar el rumbo de la actual administración. Este
inesperado escenario ofrece a la Concertación una nueva oportunidad, con
nuevos aliados, para posicionarse, para refundarse, para proponer una
visión de
país
más allá de “en la medida de lo posible” y cumplir desde una plataforma
de mayor unidad de fuerzas políticas su promesa que la alegría ya
viene, con bienestar y justicia social.

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