El no saber dónde ir

Es importante darnos un espacio para la reflexión; reflexionar sobre la economía, sobre nuestra forma de organización como país, sobre lo que deseamos hacer e incluso sobre conceptos que consideramos como inamovibles. Empecemos en esta columna con la importancia del saber dónde ir o, dicho de otra forma, lo problemático que es, el no saber dónde ir.

El no saber dónde ir, es un problema para cualquier hogar, organización, empresa y también para cualquier país. Esto se acrecienta por un mundo que esta sacudido por la insatisfacción con individuos que levantan sus pancartas para mostrar su descontento ante las estructuras sociales que se encuentran gobernando. Algunos podemos pensar que esto ocurre solamente en nuestro país, pero la verdad es que ningún mandatario se salva de las garras de la insatisfacción. 

Nuestros jóvenes se encuentran insatisfechos y han levantado sus propios movimientos, no obstante, las mejoras en la condición del hombre no vienen de plegarias o deseos, sino más bien que éstas mejoras son producto del conocimiento, del pensamiento y por sobre todo de la experiencia. De modo, que aquellos que se encuentren descontentos con nuestros modelos deben por sobre todo, conocer la condición del hombre moderno para averiguar la clase de sociedad que necesitan. Se requiere una responsabilidad intelectual que muchos pensadores en Chile se niegan a asumir, en particular porque nuestros jóvenes ansían el derrumbe de la vieja sociedad para construir una mejor, no obstante, muchos de ellos tienen ideas vagas e incluso contradictorias acerca de cómo podemos construir una mejor sociedad.

De modo que es un hecho que si no sabemos cuáles son nuestros objetivos, es muy difícil tener al menos una esperanza de poder lograr alguna mejora en nuestro bienestar. Este desconcierto y esta incertidumbre, es el peligro que ha traído consigo nuestra clase política actual, la que es muy diferente a nuestros movimientos políticos anteriores. Los movimientos políticos de antaño tenían claridad en el objetivo que querían logran con sus reformas en libertad, de modo, que la existencia de nuevas formas de ver a la pobreza, de ver a la educación, de ver a la salud, no eran meros sueños ni plegarías, sino que eran formas -que según ellos- debía asumir la estructura social de nuestro país. 

En la actualidad nuestros políticos nos llevan a un escenario de peligro, y dicho escenario sólo es por no tener un objetivo claro como nación. No sabemos qué somos, y menos en que deseamos convertirnos; nuestra sociedad esta desorientada y muestra de aquello, son los procesos constitucionales que son una evidencia del fracaso de toda la clase política moderna. Nos dijeron que un cambio constitucional era la solución a todos nuestros males y terminamos gastando más de 150 mil millones de pesos, lo que equivale a 2 hospitales clínicos. Sobre esto no existen consecuencias, de hecho, muchos de los políticos que hacían “gárgaras” con la constitución se encuentran aún en sus puestos de bienestar.

Este descrédito actual debe preocuparnos, ya que es tal el nivel de desconsuelo de nuestra sociedad, que puede emerger un líder que nos prometa “el oro y el moro” y caigamos en un estado peor que antes, con un líder autoritario que puede gozar de apoyo popular. 

Bueno, nuestros vecinos argentinos ya nos llevan cierta ventaja. Veamos que resulta de aquello.

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