El
nombramiento de Nicolás Cataldo, como ministro de educación de
filiación comunista es una decisión que refleja una valiente apertura
hacia la diversidad de ideas
y perspectivas en el ámbito educativo. Esta elección es un recordatorio
de que en una sociedad democrática, la pluralidad y la inclusión son
esenciales para un funcionamiento saludable y equitativo. La educación,
como pilar fundamental de una sociedad, debe abrazar un enfoque que
respete y valore las diversas corrientes de pensamiento sin excluir a
nadie por sus convicciones políticas, caso contrario se establecen
auténticas inhabilidades para que determinadas personas no puedan
acceder a determinados cargos o dignidades públicas, lo que fue propio
de la guerra fría y del macartismo pero no puede marcar el presente ni
el futuro de un Chile en democracia.
En
una democracia, el ejercicio del poder político debe basarse en la
legalidad y el respeto por las instituciones establecidas. Si un partido
político opera de acuerdo con las leyes establecidos para su
funcionamiento, no debería ser proscrito o excluido simplemente por sus
afinidades ideológicas. Al contrario, la inclusión de una gama diversa
de partidos políticos y sus representantes en la Administración del
Estado puede enriquecer el debate y fomentar un ambiente de diálogo
constructivo, máxime en el contexto de una reforma educacional que es un
libro abierto donde ya hemos tenido demasiados expertos que han
fracasado.
La
designación de un ministro de educación comunista, basado en sus
competencias y experiencia, destaca el compromiso con el enriquecimiento
del sistema educativo a través de diversas perspectivas. Esta elección
puede ser vista como una oportunidad para encauzar el conocimiento y la
experiencia de quien fue un asesor del colegio de profesores hacia
políticas que beneficien a los educadores y, por ende, a los
estudiantes. La voz y la experiencia de los profesores y asistentes de
la educación son vitales para el desarrollo de estrategias educativas
efectivas, y contar con un ministro que haya trabajado de cerca con el
gremio puede generar un puente entre el gobierno y las comunidades
educativas, superando conflictos que ya se han hecho rutina.
Es
fundamental recordar que un sistema educativo sólido debe fomentar el
pensamiento crítico y la capacidad de análisis en los estudiantes. La
exposición a diversas perspectivas ideológicas puede contribuir a este
objetivo al permitirles comprender las diferentes corrientes de
pensamiento y tomar decisiones informadas. Además, el pluralismo
político en la educación refleja la realidad social y política de la
sociedad en su conjunto, lo que a su vez ayuda a preparar a los
estudiantes para participar activamente en la vida democrática, a través
del voto y no de la asonada callejera y las tomas, donde la consigna
reemplaza a los contenidos.
La
decisión de nombrar a un ministro de educación de filiación comunista,
basada en sus competencias y experiencia, y sin excluir a nadie por sus
ideas, es un paso valiente hacia una sociedad más inclusiva y
democrática. Esta elección reconoce la importancia de la diversidad de
pensamiento y la participación de todos los sectores en la toma de
decisiones. Además, al tener a alguien que ha asesorado al Colegio de
Profesores, se puede facilitar un diálogo constructivo entre el gobierno
y los educadores, lo que contribuye a la mejora continua del sistema
educativo en beneficio de todos. En tal sentido, el nombramiento de
Nicolás Cataldo, pone término a la exclusión que nos legó el articulo 8
octavo de la Constitución de 1980, que a pesar de su derogación formal
continuó materializándose en una acción de gobierno que aceptaba con
beneplácito los votos comunistas cautivos, pero sin compromisos ni
concesiones cuando de participación activa en la gestión de gobierno se
trataba.
El
nombramiento obliga y compromete a hacerlo bien, en condiciones
especialmente difíciles, cuando más allá del discurso, las consignas y
el fin del lucro, lo concreto es que sólo un 30% de los niños y jóvenes
va a las escuelas públicas, al fin y al cabo una educación de calidad
puede resolver mejor que la represión quien se define como comunista y
quien no, después de todo Fidel, no fue a la escuela pública, sino que
estudió con los jesuitas.