En
estos casi 15 meses de la pandemia del Coronavirus, en Magallanes
pasamos de región en situación de estrés en materia de infraestructura
hospitalaria a ser uno de los ejemplos del excelente trabajo médico. La
pandemia nos ha mostrado, desde diversos ángulos, las debilidades y las
fortalezas de nuestro sistema de salud.
En nuestro principal centro
asistencial, los equipos médicos nos enseñaron que el cuidado y el
tratamiento del paciente no dependen de una persona sola o
exclusivamente de una profesión u oficio. Constatamos la importancia del
trabajo en equipo, y de reconocer el valor y la relevancia de cada uno
de sus integrantes, independientemente de su profesión. Si cualquiera de
ellos falla, no solo se ve afectado el pronóstico de ese paciente, sino
el de todos sus compañeros de labor.
En diversas entrevistas que hemos
realizado durante este casi año y medio a los profesionales que están en
la llamada “primera línea”, esta es una de las conclusiones más
importantes que ya se obtiene del trabajo clínico en Magallanes. Hoy
podemos decir que estamos orgullosos de ellos. También podemos decir que
se ha hecho un muy buen trabajo entre la salud pública y la privada.
Ambos sistemas se necesitan y en Punta Arenas nos dimos cuenta de que se
requiere de los dos, especialmente en momentos difíciles. Dentro del
sistema público se trabaja muy bien en el conocimiento y seguimiento
para el control de patologías crónicas. En eso el sistema público es
incomparable. En cuanto a medicina de alta complejidad, en Magallanes se
trabaja
muy bien.
Una lección a aprender es que siempre se debe estar preparado
para tener la capacidad para atender pacientes críticos, y ojalá a
futuro exista una mayor dotación de especialistas en nuestra zona y de
capacidad de camas críticas en la atención pública.