Han vuelto los rostros de siempre a cada uno de los programas de TV festivaleros para mostrarnos que la cosa sigue igual. Les consideran piedras angulares para mantener en pantalla un modelo, un discurso y una posición, a pesar de que están obsoletas. Han reemplazado a aquellos que “se fueron de vacaciones” y que en un par de semanas volverán con toda la fuerza para promocionar la opción rechazo a nuestro proceso plebiscitario.
En vez de poner paños fríos a la contingencia se han encargado de alentar a la reacción de violencia, como algo natural, mostrando un desorden que ya cansa, el daño irrefrenable e irreflexivo que ya nadie quiere tolerar y, extrañamente, a pesar de todo no logran detener a nadie. Que hay organización, es evidente, pero ¿a quién le conviene tanta parafernalia? De a poco van subiendo la puntuación de su opción, con una estrategia muy bien orquestada: Fueron muchos los que aparecieron diciendo que estaban con el “Apruebo” y la gente les creyó. Se barnizaron de demócratas, de receptores de la voz del pueblo y anunciaron con fuerza su opción. Después cedieron a las imposiciones partidistas e impusieron el terror, emularon la dictadura de Maduro e inculcaron en la comunidad nacional el concepto de que somos un apéndice de un “chavismo de exportación”.
Con el tiempo han vuelto a su posición normal, con un convencimiento paternalista que remece, considerando a nuestros ciudadanos como impúberes a quienes hay que guiar y no permitirles pensar. Un bombardeo de imágenes, frases y estímulos realmente arrollador que muy pocos pueden ver y que no alcanzan a denunciar porque no se les da espacio. Todos de vacaciones y no se ha conseguido nada que acerque lo peticionado en las calles. Hay mentes muy poderosas capaces de articular todo para imponer sus ideas y aprovechan el contexto para asegurar que los contrincantes son los más hábiles en eso, generando confusión y temor, infiltrando, atentando y quitando importancia a temas como el del fusil.
Con tanta acuciosidad por medio de escuchas los sorprendieron y en vez de exponerlos los ocultaron. Y todavía hay personas que no creen en la conspiración televisiva. ¿Cómo, entonces, no han podido detectar a las bandas criminales y de narcos que hacen de las suyas y que han aparecido como barras bravas de delincuencia? Así se aseguran del argumento que el país no está preparado para un cambio.