El otoño en tiempos de pandemia

En
tiempos de normalidad prepandémica, cuando aún vivíamos bajo los
designios de una creencia masificada acerca de nuestra invulnerabilidad y
poderío, el otoño solía relacionarse con el regreso a un estado de
descanso y de reposo natural, de decaimiento de las fuerzas de la
naturaleza y de reparo previo a la presencia del invierno y a la
posterior aparición de otras primaveras y veranos. Estábamos conscientes
de que, con el paso de las estaciones, no solamente cambia la
naturaleza que nos rodea, sino que también se transforma nuestra
existencia, la cual se sintoniza siempre con nuevos ritmos de luz y
oscuridad, de calor y frío, con cambios en la humedad y en los vientos
que renuevan el aire, y con cambios de actividad en los ciclos del agua,
de la flora y de la fauna. Dentro de este gran ciclo anual o círculo de
la vida según Yuval Noah, el otoño corresponde al atardecer en el día y
a la culminación de la madurez en la vida, aspectos que influían en la
actividad cotidiana acorde a ese pulso normalizado de culminación y de
declive. Con el regreso imprevisto a un modo de vida desafiante, de alto
riesgo humano y de lucha diaria por la sobrevivencia, tal declive en la
actividad humana colectiva es impensable según las exigencias de un
sistema que no está admitiendo reposos ni conexiones vitales con el
entorno estacional, a menos que estas contribuyan, con una actitud cada
vez más individualista, a la solución de los emergentes dramas humanos.
Las sugerencias del otoño reparador se han modificado por otras que
conllevan enfrentamientos y análisis racional. ideológicos y partidarios
que conducen a un escenario que hace perder la noción de estar en la
búsqueda de anhelos compartibles, y que involucra desde los futuros
miembros constituyentes hasta las nuevas autoridades comunales,
regionales y nacionales. El mismo Noah considera que lo que nos confirió
ventaja sobre los demás animales y nos convirtió ilusoriamente en los
amos del planeta, no fue nuestra racionalidad individual, sino nuestra
capacidad sin parangón de pensar de manera conjunta en grupos numerosos.
Este es el justificado racional para una reciente Declaración del Gran
Maestro de la Gran Logia de Chile en donde plantea un urgente llamado al
diálogo republicano ante el clima de polarización e intolerancia que se
ha instalado en el debate nacional, afectando la acción de los poderes
del Estado en los distintos ámbitos que son de su responsabilidad. A
través de esta Declaración, la Gran Logia de Chile hace un imperioso
llamado al diálogo honesto, transparente y constructivo, que reúna a los
poderes e instituciones del Estado, y a todos los actos políticos y
sociales, para mancomunar las políticas púbicas necesarias para afrontar
las exigencias sociales ante la pandemia. Sostiene, asimismo, que la
situación actual demanda la generosidad de todos, como también el deber
de enfrentar unidos los difíciles tiempos que vivimos, esperando que
quienes ejercen los poderes del Estado por mandato ciudadano construyan
los caminos del diálogo para dar respuesta y atender las demandas
actuales y futuras, anteponiendo siempre el bien común de toda la
sociedad, antes que los objetivos políticos y electorales coyunturales.
En momentos en que el poder de la razón es tan reducido que cada uno
termina por refugiarse en un compromiso dogmático e irracional con los
estrechos preceptos éticos que profesa, la Declaración abre
posibilidades de encuentro en un otoño que ya no admite descansos

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