El pacto globalista o la revolución con anestesia

Aunque
quedan solo días para las elecciones del 7 de mayo, la confusión e
indiferencia de la mayoría ciudadana es más que evidente. Ha sido mucho
para nuestro pueblo, desde el octubrismo de 2019, hasta el plebiscito de
septiembre 2022. Con toda la destrucción entremedio, y sin darse
siquiera una explicación por qué seguimos sometidos ahora a un nuevo
intento constituyente en que es obligatorio ir a votar. Es decir,
derrotado el mamarracho indigenista, ahora se insiste, con un supuesto
proyecto constitucional que es redactado por una comisión de “expertos”
que no son tales y fueron elegidos a dedo por la clase política en claro
intento de perpetuarse a sí misma, lo que es ostensible en ciertas
candidaturas de consejeros que
esta vez, serán comparsas en cuanto a la redacción de un nuevo texto.

Prefiero
obviar las razones técnico-jurídicas de por qué no puede salir nada
jurídicamente bueno de cualquier instrumento hecho “a la rápida”. Lo
único que puede salir de este contubernio como texto es algo ya
redactado en su esencia, tenga o no “bordes”, o un documento de dudosa
calidad con consecuencias enormes a la seguridad del orden jurídico.
Cabe preguntarse entonces, ¿Por qué y para qué? No convence la excusa
pueril de que esta constitución actual fue “hecha en dictadura”, todas
las constituciones anteriores de nuestra historia también lo fueron, y
esto que se está haciendo es falsamente democrático, así que la
explicación es otra.

Día
a día crece la percepción ciudadana de lo que venimos diciendo y
escribiendo ya por años: que se está estableciendo un nuevo orden
político, económico y cultural en el mundo, y hay una especial
dedicación a nuestro país, campo de experimentación por muchas causas.
Lo cierto es que somos el conejillo de indias de u
n
modelo en que claramente agentes externos, como la ONU, el Foro
Económico Mundial y otros poderes fácticos, están construyendo una
realidad diversa en un país que tiene la particularidad de estructurarse
con cierta facilidad a nuevos modelos, a diferencia del resto de
América Latina donde reina el caos. Por ello, todo ha sido planeado y
llevado a cabo durante años, evidentemente a espaldas del pueblo que no
es importante, y en secreto como todas las conspiraciones. Por ello los
resultados “democráticos” hace rato no importan.

Chile
está sometido a un “pacto globalista” de acuerdo transversal en varios
sectores políticos, empresariales, institucionales, de aplicarnos la
agenda 2030 de la ONU estableciéndola a través básicamente de una nueva
constitución que supedite la soberanía nacional al orden mundial
globalista, a una cultura “global”, en que las naciones soberanas vamos
desapareciendo como tales. El actual gobierno tiene la misión de
concretar el avance sustantivo del nuevo orden en nuestro país, y por
ello buena parte de la llamada oposición, también globalista, le
colabora y lo seguirá haciendo. Esto no se trata de instituciones, sino
del poder. Por eso el ministro de Hacienda es Marcel, porque así la
ciudadanía inculta y la mal llamada “derecha” se tranquiliza de ver
vivos por ahora los parámetros del sistema amenazado. Pero es solo una
ilusión. Cada día que este gobierno globalista está en el poder, se
hacen nuevas designaciones, se van controlando toda clase de
instituciones, no son solo las 56.000 contrataciones políticas en un
año: absolutamente ningún nombramiento en este período recae ni recaerá
en personas “de derecha”, eso es más que obvio. Cada día que pasa, más
niños y jóvenes son desviados hacia la ideología de género que destruye
la esencia humana y la familia, hace rato perdieron todo pudor y hacen
de Chile un país LGTBI+. Entretanto, ¿qué hace buena parte de la
“oposición”? : Allanarle el camino, nuevo proceso constituyente, ahora
nuevo proceso de reforma tributaria sí, porque el globalismo hace
exigencias, las fronteras abiertas por orden de la ONU y las doctrinas
“progres”, exigen mantener y promover a millones de inmigrantes ya
ingresados y los que vienen día a día, esos son muchos recursos.

Ahora,
se incorporan al gobierno más ex “Nueva Mayoría”. Era obvio, el Frente
Amplio carece de personas con competencias mínimas, y los comunistas son
pocos. ¿Significa entonces que se cancela la revolución? Al contrario,
se normaliza, los primeros fueron los que sembraron el octubrismo, ahora
están cosechando los otros. La revolución globalista sigue a pie firme,
“con anestesia”. Muy pocos de esa “oposición” siquiera hablan de
revolución y de globalismo, en parte sin duda por ignorancia, pero
también por colusión.

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