El poder como fin en sí mismo

La
semana pasada me referí a que la elección del 21 de noviembre era la
ultima de un ciclo histórico, y que tiene un carácter dramático. No se
trata realmente de elegir candidatos, sino de un modelo de país,
determinado por visiones irreconciliables. Sé que suena duro decirlo en
un país acostumbrado a la indefinición y a la mala memoria, pero también
a la mentira, al chileno he llegado a pensar le gusta que lo engañen ya
que así puede echarle la culpa a alguien más y no a sí mismo.
Desgraciadamente cuando miro la pobreza de contenido de ciertos
candidatos al Congreso, me doy cuenta que no han aprendido nada.

Después
de muchos años, demostrando que la historia es cíclica y no lineal como
quiere creer y hacer creer la ideología de la izquierda, volvemos pero
con mucha mayor gravedad dadas las circunstancias del país, a un dilema
que podría zanjarse en el acto electoral de noviembre primero y su
segunda vuelta en diciembre: que tipo de país queremos, en base a lo que
creemos. Dos visiones diametralmente opuestas enfrentadas, a lo que nos
han hecho llegar quienes tenían la responsabilidad de llevar a Chile al
desarrollo y se extraviaron en sus egoístas pequeñas ambiciones por un
lado, y por el otro aquellos que creen que nuestros conceptos, valores,
creencias, son un error histórico que debe ser erradicado a través de un
nuevo sistema que acapare el poder en favor de un grupo de iluminados y
privilegiados sin alternancia posible.

Las
sociedades se rigen por ciclos, grandes de largo plazo, y pequeños o
mas rápidos. Y pareciera que la “ley del péndulo” podría mostrarse justo
ahora, y no quiero con eso pecar de optimismo, en caso alguno. Porque
si bien ya comienza noviembre y parece un hecho que el candidato que
representa las ideas de libertad y de afirmación de nuestra nacionalidad
tiene las mejores posibilidades de pasar a segunda vuelta, todo indica
que ya no puede contenerse mas la crisis total en que estamos sumidos,
social, económica, cultural, política, migratoria, de seguridad nacional
y primordialmente moral, y que el próximo gobierno deberá enfrentarla
en todos los ámbitos en tiempos muy duros, como esta generación jamás ha
conocido.

Pero
esta crisis múltiple tiene causas, y causantes, y de distintos colores.
Ha ocurrido cuando se olvida la ética y se piensa que el poder es un
fin en si mismo, y no un conjunto de medios para lograr el bien común.
Ha llegado la hora de definiciones. En esta elección que también es de
parlamentarios y cores, no puede haber quienes jueguen a la indefinición
pretendiendo obtener votos de ambos bandos. Los candidatos al
parlamente en especial, no pueden pretender en la crisis que existe y
las que aparecerán ahora, sin comprometerse. Si, pasaron los tiempos de
lucimientos personales. Se hace mas patente que nunca la frases de don
Jorge Alessandri Rodríguez: “A la política de viene a servir, no a
buscar honores y mucho menos beneficios”. Eso se terminó, por no cumplir
con aquella sentencia es que caímos en el marasmo en que estamos. El
poder no puede ser un fin en si mismo, las revoluciones como la que la
izquierda lleva a cabo son ilegitimas, crueles y siempre llegan al
fracaso. Y los devaneos egoístas de los candidatos “de derecha” no deben
tener cabida. El poder viene de Dios y pasa a los gobernantes y
representantes a través del pueblo que somos todos a través del voto.
Todos rendiremos cuentas alguna vez, en esta vida o en la otra. Los que
tuvieron poder y lo mal utilizaron en cargos, y los simples ciudadanos
que no cumplimos nuestro deber y no entendimos que con la vida, la
libertad y la búsqueda de la felicidad, nadie tiene derecho a jugar.

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