El poder de la cerveza

Hace
pocos días se representó al Presidente Gabriel Boric, un chascarro que
habría tenido lugar al hacer referencia a unas cerveza que se había
tomado con el Primer Ministro de Canadá. Justin Trudeau, ojalá que dicha
experiencia le hubiese permitido conocer la forma en que dicho país
está resolviendo las reclamaciones de tierras de sus pueblos
originarios, porque a principios de junio de este año Canadá pagó a la
nación Siksika más de mil millones de dólares por la apropiación de
tierras que luego fueron vendidas a colonos canadienses. Todo, en el
contexto de un reclamo que comenzó en el año 1910 y que fue presentado a
la Corte en el año de 1960. No se supo de quemas, declaraciones
incendiarias, propuestas constitucionales novedosas ni de estados de
excepción, simplemente se tasó, midió y puso precio a un litigio ya
centenario. O sea, el pragmatismo británico demostró y admitió que aún
sin ser posible la reconciliación es mejor la compensación a un
conflicto permanente.

Recientemente
se encontraron más de cincuenta tumbas de niños indígenas en el área de
dos antiguas escuelas que estaban destinadas a su servicio, y en éstos
días el Papa Francisco, pide perdón por la forma y los abusos cometidos
por la Iglesia en los orfanatos que administró. O sea, la compensación
es consecuencia de los errores asumidos por el Estado y la petición de
perdón por los abusos cometidos, respecto de niños que murieron
abandonados, sufrieron desnutrición o negligencia grave en los cuidados
que se le debían proporcionar.

En todo caso, lo interesante es que se busca construir una fórmula para construir un futuro que permita el diálogo, la asociación y el respeto de nación a nación.

Desafortunadamente
nada de ese pragmatismo nos tocó de este lado del Río Bravo, la
hispanidad nos condena a la hipocresía, mirar para el lado y desconocer
los abusos cometidos, por ejemplo nunca se ha investigado con el rigor
canadiense cuál fue el rol del Estado y de la propia Iglesia por el
destino de los indígenas sobrevivientes en la Reserva creada en Isla
Dawson, o en otros enclaves semejantes.

En
el conflicto mapuche no ha existido en ninguna administración, la
capacidad de generar instancias de diálogo que logren mirar el pasado
con la serenidad canadiense y asumir los errores
cometidos.
Luego, nos resultan inexplicables las quemas , las revueltas y la
destrucción de monumentos, respecto de aquellos personajes que
probablemente nunca merecieron uno.

Atribuyo
estas diferencias al poder de la cerveza, al parecer el vino hispánico
es embriagador, tiene propiedades alucinógenas que nos impiden asumir la
realidad, culturalmente sigue vigente la perspectiva de la encomienda
que es exclavizante y no reconoce la dignidad del combatiente, ésta sólo
aparece en la obra de Ercilla, pero en lo cotidiano el pueblo mapuche
no ha tenido hasta ahora el reconocimiento de nación, sino que de grupos
humanos al servicio de los colonos, quienes permiten la asimilación
pero no el respeto entre iguales.

A
su vez, el llamado al diálogo de este gobierno aparece sin propuestas
concretas, huele más a dejar hacer, como manifestación de un sentido de
culpa, pero no es la respuesta de un Estado que busca construir un
entendimiento entre naciones, como ha dicho el Primer Ministro Canadien
se.

El
intercambio de cervezas entre dignatarios siempre ayuda, es más
fructífero aquello que el resultado de nuestros insulsos debates
parlamentarios, las críticas interminables y los estados de excepción.

Contenido relacionado

Envíanos tu denuncia o información AVISOS ECONÓMICOS