En
sicología se señala que el lenguaje determina las percepciones. Es
decir, las palabras son como un filtro que permite o impide ver algunos
elementos de la realidad. O dicho de otro modo, el mundo se ve mediante
las palabras. Por eso aquello que no tiene nombre para el ser humano
no existe. Por ejemplo, si una persona no tiene dentro de su vocabulario
la palabra turquesa, no podrá distinguir este color dentro de la gama
de los verdes azulados. Lo mismo si a un niño nunca se le han señalado
sus cualidades o potencialidades tampoco podrá verlas, porque solo
aquello que se denomina existe.
Las
palabras que elegimos en nuestra vida son tan importantes como las que
elegimos para relacionarnos con los demás. La primera comunicación la
tenemos nosotros mismos, cuando la persona tiene pensamientos negativos
respecto a sí misma, está dando a su mente mensajes destructivos o
maldicientes. Hay que tomar conciencia de las palabras que se emiten día
a día, porque son trascendentales en la vida de cada persona y en la
del resto; según como la persona habla será su vida. Por ejemplo, si
una persona habla constantemente de deudas, carencias o necesidades no
satisfecha, etc. No podrá salir de la situación de pobreza en que vive,
porque no podrá ver otras realidades, aunque estas estén frente a ella.
Por medio de las palabras que una persona elige y usa es posible darse
cuenta de qué tipo de persona es y en general de cómo es su vida tanto
internamente como exteriormente.
El
lenguaje positivo ayuda a ver el lado favorable, tanto de nosotros
mismos como del resto y en general del entorno. Si se emplean las
palabras adecuadas y positivas en la comunicación ya sea con uno mismo
o con el entorno, se obtendrán resultados muy favorables. Algunos
ejemplos de palabras positivas y altamente estimulantes son: alegre,
feliz, animado, capaz, activo, etc. Como se puede constatar, emplear
estas palabras facilita sentir optimismo, motivación y energía. En
contraposición a esto existen las palabras negativas y que paralizan,
tales como: miedo, vergüenza, culpa, etc.
Mediante
el lenguaje se construye el concepto que tiene de sí mismo el ser
humano. Este se cimienta palabra a palabra. Por eso especialmente con
los niños hay que tener muy presente la palabra SÍ. La palabra “SÍ” en
la vida significa una perspectiva positiva y productiva. Igualmente abre
puertas. A los niños y adolescentes (y en general a todas las personas)
hay que repetirles frases como las siguientes: “sí se puede”, “sí
puedes aprender”, “sí, inténtalo”, “sí puedes realizar mejor tu
trabajo”, “sí puedes tener una nueva oportunidad”, etc.
Si
se quiere construir una sociedad mejor, tanto los padres como los
profesores, y todos aquellos que tienen una comunicación estrecha con
los niños y jóvenes, deben emplear constantemente el lenguaje
positivo. Ya sea para que puedan motivarse, construir una imagen
favorable de sí mismo o bien para sanar aquellas heridas en el alma, que
el lenguaje negativo o maldiciente ha dejado en la persona.