El precio de una promesa

Acostumbrados
los chilenos a que las promesas de campaña no se cumplen, que no son
sino expresiones de buenos deseos, generalidades, ideas al viento, todas
expresiones insertas en la cultura de lo que hay que hacer y muchos
anhelan pero que, en definitiva, confrontadas las posibilidades con la
realidad rara vez se ejecutan, el Presidente Gabriel Boric, está pagando
un alto precio por una promesa de campaña, por un ofrecimiento que hizo
a los familiares de los llamados presos de la revuelta.


El indulto es una facultad privativa del Presidente de la
República, no se indulta a inocentes, a personas sin antecedentes, sino
que se ejerce conforme a criterios políticos, por actuaciones o delitos
determinados, porque no cabe duda que en sede judicial la batalla la
perdieron en tanto fueron condenados, por eso se ejerce el indulto, los
demás están afuera, en libertad, sea cumpliendo condenas o absueltos.
Entre los indultados no hay inocentes, no puede haberlos porque sino no
existiría el indulto, en tanto constituye éste una medida especial de
gracia, por la cual la autoridad, en este caso el Presidente de la
República, perdona a una persona toda o parte de la pena a que había
sido condenada en virtud de una sentencia firme. Es entonces una
decisión política que no cabe juzgar con los parámetros básicos de
culpabilidad o inocencia.


Luego, muchas de las explicaciones dadas, tales como si “hubiese
sabido todos los antecedentes otra habría sido la situación”, carecen de
sentido y exponen al Presidente como carne de cañón, porque éste sabe o
debe saber la condena, el delito y ponderar su gravedad y
consecuencias, sino no podría ejercer el perdón, porque este es preciso y
determinado y tiene efectos particulares. Ninguna autoridad que
indulta puede comprometer la conducta futura del indultado, por lo que
igual carece de sentido asumir compromisos o endosar responsabilidad
sobre la hipotética conducta probable del indultado, en tanto es una
facultad privativa del Presidente, y se entiende, éste pondero todas las
circunstancias que ameritan el perdón. O sea, al menos en su forma,
el ejercicio de esta potestad es inobjetable, sólo cabe asumir sus
consecuencias.


La crítica política tiene otras aristas que son cuestionables y
graves, tales como: ¿Se otorga patente de corso para futuras revueltas?,
¿Al inicio de un año y cuando todo hace presagiar que podemos tener
futuras revueltas? ¿Se podría indultar a unos y no a otros?. O acaso
el problema es que sólo ameritan el perdón quienes se manifestaron en
estas particulares condiciones que provocaron una grave crisis
institucional, y si efectivamente tan grave fue la crisis ¿Por qué
indultar?.

Ante estos cuestionamientos, el Presidente tomó una decisión,
y sería una muestra de inexcusable debilidad echar pie atrás, ya asumió
el costo, con errores de apreciación o sin ellos, pero éstos son
criterios políticos que deberá sumar personalmente y como conglomerado
político en la mochila con cargo al debe o al haber, pero eso se decide
con cada voto informado en las próximas elecciones, en las cuales
obligatoriamente participaran todos los chilenos, y la tendencia parece
ser que las promesas de campaña cuando se cumplen sin medir las
consecuencias se pa
gan caras. Así, parece imposible hacer campañas-

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