“No
es lo mismo ser activista, que ser presidente de todos los chilenos”.
Palabras para el bronce que Gabriel Boric responde al post de Instagram
sobre su metamorfosis, una descriptiva ilustración que engloba las
transformaciones en su carrera política, desde sus inicios como
dirigente estudiantil, al paso de su imagen como presidente. Y con su
respuesta estamos copiosamente de acuerdo con el señor presidente.
Sabemos
que desde un principio fue activista, criticando duramente a los
presidentes de turno cuando daba sus primeros pasos en el mundo político
y, por lo tanto, siendo muy irresponsable como tal. Sin lugar a dudas
como activista quiso imponer mecanismos poco usuales, hasta tratar de
generar un golpe blando para conseguir sus objetivos.
Ahora
en el poder hace mea culpa, y en este reconocimiento tiene
absolutamente toda la razón, es muy distinto ser activista que estar en
el gobierno. Sin embargo, este es un principio lógico y natural de toda
buena formación política aprendida en la militancia de los partidos,
desarrollar el propio juicio político, tomar sus propias decisiones y
expandir su acción responsable dentro de la sociedad democrática.
En
esencia, los que militan en distintos partidos políticos saben que una
cosa es ser simpatizante y otra cosa muy distinta es ser militante.
Indudablemente esa es la primera responsabilidad, dar ese paso a miembro
activo, representando y promoviendo la ideología, para luego postular a
cargos públicos. Una vez en uno usted gobierna, por lo tanto, no se
emiten ciertas vicisitudes ni se dejan entrever ciertas contradicciones,
las que habitualmente cuando ya se alcanza la presidencia no se deben
cometer.
Dicho
de otra manera, al momento de convertirse en presidente de la República
no se puede pensar como el activista que inicia en política, o acaso se
cree que gobernar el país es ser como Greta Thunberg, manifestándose
con una pancarta en un grupo organizado y protestando alrededor del
mundo. Mucho menos es dar a conocer tus inquietudes atacando a la
policía o destrozando los bienes públicos o privados.
Está
bien apasionarse y diferenciar sus ideas, pero cuando se tienen cargos
de gobierno no solamente se tienen que dar a conocer la ideas, las
mismas se tienen que cumplir. En ese proceso de llevarlas a cabo existen
problemas, indolencias e indiferencias, problemas políticos,
coaliciones con las que se debe negociar, se debe ver la realidad cuando
no se tiene mayoría en el parlamento, y en ese momento no se puede
ofrecer el moro y el oro.
No
cabe duda que algunas tomas de decisiones políticas son difíciles, en
donde no se pueden dejar contentos a todos, donde a veces se tienen que
tomar determinaciones que no gustan, que no son populares y que
evidentemente se escudriñan en el ejercicio de los cargos públicos.
Por
el contrario, hay una gran mayoría que ganan los cargos públicos sin
ninguna preparación, sin conocimiento, aprenden en el camino
experimentando en el cargo con ensayo y error. A todos les pasa lo
mismo. No obstante, los políticos de carrera, los que llevan años en el
parlamento, en la cámara de diputados o en el senado están al corriente
de cómo se mueve la mecánica y por eso conocen mejor el funcionamiento,
tras tener esos años de experiencia es más lógico optar a un cargo
presidencial. Muy pocos han pasado de ser diputado a ser presidente, sin
estar en el senado.
Entonces,
la experiencia que te da pasar por ambas cámaras da una perspectiva,
ofrece el discernimiento de cómo funciona el sistema político y los
distintos partidos políticos, los tuyos y los adversarios. Se conocen,
dialogan, conviven diariamente, comparten, saben cómo piensan para
negociar un acuerdo. Aquí el Frente Amplio (FA) empezó de cero a 100,
por lo tanto, ni ellos conocían como pensaba el resto y el resto no
conocía claramente cómo piensan ellos. Simplemente tomaron la
oportunidad para llegar al sistema sin proponer una propuesta viable.
Con
su respuesta, lo que Gabriel Boric nos da a conocer es que se ha dado
cuenta mientras tiene poder, con en el ensayo y error, que la situación
no es nada fácil y que obviamente ser un activista o militante no es lo
mismo que tener un cargo político. En buena hora Señor presidente, pese a
lo cual ya es tarde, ya lo elegimos. Tendrá que terminar de madurar en
el cargo.