Una
vez más por amplia mayoría el Parlamento aprobó el tercer retiro de los
fondos de las AFP, ante lo cual el presidente Piñera optó por recurrir
al Tribunal Constitucional, trayendo un descontento generalizado y una
fuerte presión social. Una verdadera olla a presión que se expresa en
diversas manifestaciones (cacerolazos, protestas y huelgas).
Ante
un nuevo desplome en las encuestas y al riesgo de sus escenarios
electorales, Piñera decide anunciar su propio proyecto de retiro de
fondos de las AFP, como una forma de frenar, al menos, la profunda
crisis política dentro de su coalición. Sin embargo, fiel a sus dogmas
lo hace bajo sus propios intereses, su realidad particular y su desapego
a la realidad de la población. De esta forma, se niega a retirar el
requerimiento por el proyecto aprobado en el Parlamento ante el Tribunal
Constitucional. Piñera presenta un proyecto de retiro a pesar de que se
negó a participar en la discusión, pudo haber incluido indicaciones en
la tramitación u observaciones una vez aprobado vía veto aditivo, pero
siempre termina demostrando que no es partidario de llegar con ayuda
necesaria, oportuna y universal a la población, menos de legislar en
contra de sus socios e intereses personales.
Al
revisar el anuncio se puede concluir que no hay mayores reparos al
proyecto aprobado por el Congreso y mantiene los montos máximos y
mínimos de retiro. Sin embargo, Piñera juega con fuego, ya que en la
letra chica incorpora un nuevo financiamiento para las AFP, aumentando
la cotización mensual en un 1% adicional con cargo del empleador y otro
1% por parte del Estado, como una forma de reintegro del retiro. Lo
anterior genera sin duda un nuevo foco de conflicto político porque va
en sentido contrario a la tramitación de la reforma previsional que se
discute en el Parlamento y a lo que aspira la ciudadanía. Los
parlamentarios de oposición le han reiterado que no aprobarán nuevos
recursos para las AFP y desde junio del año pasado esperan que Piñera se
abra a analizar y discutir la propuesta de una agencia pública para las
cotizaciones adicionales en forma exclusiva.
Llama
la atención que mientras el proyecto ley de retiro aprobado en el
Parlamento aún no es resuelto en el TC, el Gobierno dé por sentado que
el fallo favorecerá su visión. Piñera está seguro de que a pesar del
empate anterior cuenta con una aliada leal en el voto dirimente de la
presidenta del Tribunal, lo que revive la discusión sobre la
imparcialidad y función de esta instancia. Lo contradictorio es que, de
no ser así, y ser adverso el fallo para el Gobierno, el proyecto de
Piñera pasaría a convertirse en la cuarta iniciativa de retiro de
fondos, lo que enredaría más el escenario para la derecha.
Todo
hace pensar que estamos viviendo en dos Chile distintos, el de la
realidad que apremia a la población y el de Piñera y sus amigos, que
cada vez son menos. Piñera se está quedando solo y hasta los derechistas
más duros hoy critican la conducción del Gobierno y la falta de apoyo
real a las familias chilenas. Pero no se deje engañar, a la derecha
sóolo le importan los votos en vísperas de las elecciones, prueba de
ello, tres candidatos presidenciales de la derecha estaban acompañando
los anuncios en La Moneda. En resumen, el mono aunque se vista de seda,
mono queda.