Hace
unos días el fundador de la empresa Patagonia, Yvon Chouinard, declaró a
través de una carta abierta la transferencia de propiedad de la
compañía a un fideicomiso y organización sin fines de lucro, quedando
como único propietario y accionista: el planeta.
Cada
año, luego de realizar las reinversiones en la compañía, se destinarán
las ganancias a combatir la crisis climática y defender la naturaleza
(aproximado US$100 millones anuales). El fondo impulsará proyectos
ligados a la protección de la naturaleza, la biodiversidad y soluciones
basadas en la naturaleza, junto a la prosperidad de las comunidades.
“Si
aún tenemos esperanzas para un mundo (o un negocio) próspero, tomará un
esfuerzo total como sociedad, usando los recursos actuales de forma
altruista.
Eso es lo que podemos hacer” – Yvon Chouinard
En
concreto, la compañía, valorizada en alrededor de US$3.000 millones,
transferirá toda su propiedad a dos nuevas entidades: el fideicomiso
Patagonia Purpose Trust y la organización Holdfast Collective. La
primera de ellas tendrá el 100% de las acciones con derecho a voto de
Patagonia (equivalentes a un 2% de la compañía). En tanto, la
organización Holdfast Collective será propietaria del total de las
acciones sin derecho a voto, equivalentes a un 98% de la firma.
El
nuevo modelo de Patagonia marca un precedente que va más allá de lo
habitual, mueve el cerco de cómo hacer las cosas y el sentido mismo de
las empresas. Redefinieron su propósito el 2018 -“Estamos en el negocio
para salvar nuestro planeta”- y ahora materializan con fuerza su
compromiso con este, creando una estructura legal que lo consagra. Una
movida inusual, marcando un precedente, donde encuentra un equilibrio
entre la necesidad de responder a los intereses de distintos
stakeholders y poner al centro del negocio el propósito.
Un
tremendo ejemplo, que parte desde una reflexión estratégica profunda en
torno al “por qué” y al “para qué” existe la organización y cómo estas
definiciones permean todo su quehacer. El propósito es incorporar el
impacto que se busca generar en un contexto social, medioambiental,
cultural y político en la estrategia de negocios, cualquiera sea el
rubro o nivel de madurez de la organización. En definitiva, estipular el
rol que la organización cumple en la sociedad, más allá de la
generación de valor económico (que es uno de los fines a los cuales se
deben legítimamente los negocios con fines de lucro).
Además,
un profundo compromiso con el propósito también trae consigo beneficios
tales como la capacidad de atraer mejores talentos, una mayor inversión
y mejores relaciones con los colaboradores y clientes, aumentando la
lealtad hacia la organización. De hecho, los consumidores ya no perciben
el valor de un producto o servicio solamente a través de su precio sino
que buscan que las empresas demuestren el “porqué” de su existencia y
que sus prácticas sean coherentes con sus ética y valores (Deloitte,
2020).
Sin
ir más lejos, varias de las regiones del sur de Chile, pertenecientes a
la Patagonia, ya están tomando acción para alcanzar un desarrollo
sostenible, colaborativo e innovador. El siguiente desafío es
identificar qué mecanismos y herramientas permitan a las empresas
materializar su propósito e inspirarse en nuevas formas de aportar a
este desarrollo, poniendo siempre por delante a las personas y el
planeta, junto a las utilidades.