El pueblo puro

Todavía resuenan en el
ambiente los ecos de las últimas elecciones y seguramente seguirán por
un bien tiempo, hasta que un nuevo acontecimiento eleccionario los
sumerja en el mar de la opinión pública o bien los tape y diluya.

Solo
la perspectiva del tiempo dará una visión de los resultados un poco más
serena y reflexiva, la que ahora se dificulta dada la frescura de los
acontecimientos y las opiniones, ideas o pasiones comprometidas en
ellos.

Quizás
la dificultad de hacer análisis profundos por parte de los actores de
la política también se da por esta especie de “pentatlón” eleccionario
que deberemos vivir de aquí al mes de noviembre, que requiere
necesariamente de cierta sesudez para enfrentarla, más aun cuando
emergen ciertos grupos con legítimas ideas sectoriales, que al parecer
el último ejercicio eleccionario les abrió el apetito para presentarse
en los próximos comicios.

Puede
que a ciertos grupos que se conformaron para enfrentar las elecciones a
constituyentes, que eran únicas, históricas, importantes y que debieron
haber sido exclusivas, para no mezclarlas con otras, les haya ahora
también crecido el colmillo del poder para ir por más. Por otro lado, al
juzgar por el análisis de los demás resultados de las elecciones, los
partidos tampoco estarían muertos, sí golpeados y averiados, pero con
resultados medianamente optimistas que exhibir.

Lo
cierto es que no hay que perderse, porque las elecciones son todas
diferentes, más aun si analizamos el pentatlón eleccionario que se nos
avecina: segunda vuelta de gobernadores, consejeros, diputados,
senadores y Presidente de la República.

El
querer participar en una contienda electoral corre por el carril de la
voluntad y de la libertad, pero a veces preocupa cómo se demuelen a los
partidos políticos, que sustentan un sistema democrático,
responsabilizándolos de todos los males e insinuándose prácticamente su
reemplazo por movimientos autoconvocados por intereses funcionales
legítimos emergentes, como pueden ser el medioambiente, el feminismo, el
acceso al agua, y otros que por valiosos que sean sus aportes no podrán
dar respuestas al abanico de problemas y temas que se deben abordar
para fortalecer la democracia, con una mirada más larga y definida, que
acoja a todas las personas que conformamos el concepto de país que
tenemos, que aunque imperfecto, también queremos.

Transformar
el ejercicio de la política en una especie de crisol de grupos
corporativistas, que mezclados con populismo a veces carismático vende
el mensaje que la sociedad solo estaría compuesta por el “pueblo puro”,
representado supuestamente por ellos y, por otra parte, por una especie
de “élite corrupta”, sería simplificar las cosas, para finalmente
utilizar ideologías huéspedes que pueden ser de izquierda o derecha.
Olvidándose que en la sociedad felizmente también existe el
“pluralismo”, que esta por sobre estas dos visiones interesadas.

Expectantes
e interesados deberemos estar para exigir a nuestros representantes en
la Comisión Constituyente: apertura, reflexión y pluralismo. De lo
contrario esta valiosa instancia también corre el serio riesgo de
farandulizarse y jugar con las esperanzas de un Chile mejor.

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