“No
voy a caer en ese debate moral”. Esto fue lo que afirmó esta semana el
abanderado presidencial de Chile Podemos Más, Sebastián Sichel, tras ser
interpelado por la senadora y candidata presidencial, Yasna Provoste,
referente a si el candidato de la centro derecha hizo (o no) uso de su
opción de solicitar y retirar su 10%.
Lo
cierto es que la respuesta no sólo fue mala, sino que además volvió a
tensionar a la coalición en torno a su figura, dando un nuevo paso en
falso (o error no forzado) de forma absolutamente innecesaria. En este
sentido, y a modo de ejemplo, tanto Marcela Cubillos como Teresa
Martinovic le dieron cátedra (de cómo salir jugando) al aspirante
presidencial del oficialismo con certeras cuñas tales como “uno puede
estar en contra de una política pública, pero cuando ya se aprueba, tú
puedes hacer uso de ella” o “hay que buscar un método de sacar estos
fondos y sacar la plata de las manos del populismo”.
Por
eso no deja de llamar la atención la seguidilla de equivocaciones, de
hierros, en un candidato que ha demostrado con hechos, en la cancha, sus
habilidades comunicacionales, su sentido social, su visión de país y su
archiquetecontra conocida historia de vida, de sus orígenes. Cuesta
entender que Sichel sea incapaz de darse cuenta (ni siquiera siendo
ciego, sordo o mudo) de las torpezas en las que está cayendo cuando su
único norte debiera entregar señales de gobernabilidad, confianza,
seriedad, prudencia, liderazgo y esa transversalidad que lo hizo ganar
la primaria de Chile Vamos. Ahora claro, el contexto de la primaria
tenía un miedo adicional que era la figura del comunista Daniel Jadue
donde se instaló la idea de que la única carta de derecha capaz de derrotarlo era Sichel cosa
que, en la práctica, le rindió frutos. Pero ahora, enfrentando a una
figura joven y más moderada como Boric, sumada a la arremetida de José
Antonio Kast, Sichel pareciera estar perdiendo no sólo la brújula sino
también arraigando una serie de temores innecesarios toda vez que las
posibilidades de que la segunda vuelta no sean él vs Boric son muy poco
probables. Por cierto, no hay que mirar en menos lo que está realizando
José Antonio Kast, pero la derecha que él representa tiene a ser mucho
más de nicho que orientada a mayorías. Sin embargo, todo lo que necesita
Kast para avanzar al balotaje es superar a Sichel, llegar al segundo
lugar, aunque sea con lo justo y retar al candidato magallánico de
izquierda. No obstante, si este escenario se diera, lo más práctico
sería que le colgaran la banda presidencial a Gabriel y que “Dios nos
encuentre confesados”.
Si
el comando y cercano a Sichel consideran que lo están haciendo
insuperablemente bien no hay mucho más que hacer. Quizás basan su
confianza y triunfalismo en que es presumible que en una eventual
segunda vuelta Boric vs Sichel el magallánico genere muchas incertezas
porque le será imposible ocultar la influencia de la izquierda radical y
el Partido Comunista como parte de sus estandartes de batalla. Esto,
que duda cabe, instalará nuevamente el fantasma del “Chilezuela” lo que
haría que, ante el miedo de caer en las fauces de la izquierda, movilice
a las chilenas y chilenos (con resignación) a las urnas para respaldar
la opción de Sichel entendiendo que si bien los candidatos no fueron lo
más idóneos para el desafío país, lo importante es la patria,
su estabilidad y continuidad. Pero convengamos, por cierto, que como
bien nos enseñaron nuestros abuelos: “en el exceso de confianza, radica
precisamente el peligro”. Humildad, escuchar y trabajar, serán las
claves para afianzar el liderazgo extraviado y desconectado,
actualmente, de la realidad.