El reino de la desigualdad

“Victoria a lo Pirro”. Esa es la creciente sensación
que existe en Chile después del plebiscito del 4 de septiembre. Es que
desde el mismo día 5, en la tarde, cúpulas y dirigentes de partidos, ni
siquiera todos ellos y sus órganos, están tratando denodadamente de
construir una figura irreal al margen de la legalidad: la llamada
“continuidad del proceso constituyente”. Es que, conforme a la propia
norma constitucional, si la propuesta del 4 de septiembre era rechazada
como ocurrió, seguía plenamente vigente la Constitución que nos rige. No
existe legalmente la mencionada “continuidad”, en Derecho Público solo
se puede hacer lo que la norma expresamente autoriza, y las normas rigen
in actum, sin efecto retroactivo. Por ello, se requiere una nueva
reforma constitucional para iniciarse un nuevo “proceso constituyente”.


Sin embargo, es propio de los regímenes despóticos, supeditar las
normas jurídicas a las fuerzas políticas. Uno de los mitos que emboban a
los chilenos, es que desde 199
0
vivimos “en democracia”: vivimos en “oligarquismo”, cautivos en una
cada vez más poderosa dictadura partitocrática o de los partidos
políticos, cuya máximo expresión evidenciamos hoy mismo: como cuatro
gatos, literalmente cuatro, de cúpulas de partidos “de derecha” corren a
entregarle el 62% del electorado al 38% del 4 de septiembre, es decir,
hacen que 38 pese más que 62. Ni siquiera le preguntan a sus bases
partidistas y parlamentarios, porque saben que sus electorados están
absolutamente en contra de seguir con esta falsedad manipulada de una
“nueva constitución”. Pero cada día más personas se han dado cuenta que
este “proceso” está dirigido des
de
más allá de nuestras fronteras, y existen compromisos que unen a la
izquierda y la derecha nacionales, el discurso reciente de Boric en la
ONU n
o
fue sino una “rendición de cuentas” y promesa de “otra oportunidad”
hasta sacar una nueva carta fundamental. Posiblemente le sacaran los
ingredientes indigenistas inyectados desde Bolivia, manteniendo la
esencia del proyecto de Bachelet escrito por Atria, como ven, ya estaría
todo definido y entre cuatro paredes. ¿Esto es democracia?


Nuestro país se cae a pedazos, todo, absolutamente todo ha empeorado en
los últimos 3 años, en medio de un conflicto soterrado que nos ha
costado centenares de millones de dólares para un proceso fracasado e
innecesario. Y están dispuestos a gastar lo que sea preciso para cumplir
compromisos impresentables. Es así como quienes hacen gárgaras con la
palabra “desigualdad” en lo económico social, la han consagrado hasta el
extremo en lo político. Las minorías se imponen abiertamente a las
mayorías recientes. Cuatro gatos deciden sobre millones, tal es la
desesperación. Desgraciadamente, los grupos políticos o partidos que
debieran defender la decisión popular y la soberanía nacional, son
quienes la vulneran y terminan de entregar. La UDI de Jaime Guzmán, RN
de Sergio Onofre Jarpa, ambas hoy propiedad del innombrable que puja por
reaparecer. Y Un partido republicano sumido en una profunda crisis
después de la primera vuelta presidencial. No hay quien canalice el
descontento popular mayoritario y luche por impedir este nuevo acto de
traición que a la vez es de profunda demostración de desigualdad.
Mientras, la economía entró en recesión, la inflación nos empobrece cada
día, a diario ingresan miles de inmigrantes y delincuentes, el crimen
organizado el narcotráfico y el terrorismo nos hace cada día más
inseguros, y no tenemos gobierno. Porque de eso se ha tratado todo esto,
de hacer que Chile reviente, para demostrar que no se puede salir del
subdesarrollo, y también para acceder con mayor facilidad a sus recursos
naturales y geoestratégicos. El eje mundial del poder está cambiando, y
somos un territorio de mucho interés que conecta a los dos principales
océanos del planeta. Sí, estos son los frutos de la desigualdad, donde
millones estamos cautivos de cofradías de la oscuridad, donde los
resultados reales del plebiscito más apabullante que se pudo concebir,
se lo apropian y es desechado por los poderes facticos. La izquierda y
la derecha unidas jamás serán vencidas dijo Nicanor Parra, y así
estamos, contemplando pasivamente la disolución de nuestro país.

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