Durante
las últimas semanas y a muy pesar mío, el rodeo se tomó el debate
público en dos espacios políticos. La primera discusión se produjo en la
comisión de agricultura de la cámara de diputados, instancia que aprobó
en general el proyecto que busca declarar al rodeo como deporte
nacional. Pero, además, este proyecto pretende establecer la defensa y
promoción de las costumbres y tradiciones del mundo rural como interés
nacional. Este es un proyecto que se debe votar en sala, por lo que aún
queda un tiempo para saber su resultado final. La segunda discusión se
dio dentro del proceso constituyente, pues en el marco de las votaciones
de las enmiendas presentes en el Consejo Constitucional, el rodeo se
volvió a tomar el debate en la Comisión de Principios, Derechos Civiles y
Políticos. Por 8 votos a favor y 4 abstenciones, el Consejo aprobó que
en el nuevo texto se consagre el rodeo como deporte nacional. Esto es un
contrasentido por tres razones. La primera es que todo parece indicar
que, para los constituyentes vinculados al Partido Republicano, todo
debe ser constitucionalizado, incluyendo al rodeo, una tradición
absolutamente cuestionable que, a pesar de las crecientes críticas, se
sigue practicando en el centro sur de Chile. El segundo punto es que
parece ser que los constitucionales impulsores de la medida no se
enteraron o no les contaron, que el movimiento animalista fue la
organización que logró la mayor cantidad de firmas para su norma, la
cual apuntó a reconocer los derechos animales en la nueva constitución y
se oponen tajantemente a que el rodeo sea declarado un deporte
nacional. Esto no es un tema baladí, ya que de seguro los animalistas
impedirán que la iniciativa republicana se termine imponiendo. Es de
toda lógica, pues el maltrato que sufren los animales en el rodeo no nos
puede ser indiferente, sobre todo, porque dentro de la sociedad chilena
y en hora buena, ha crecido la consciencia animalista.
El
tercer punto es que resulta incomprensible que, habiendo tantos temas
por resolver en el país, como la educación, la salud, la seguridad
pública o la vivienda, algunos consejeros constituyentes busquen darse
gustitos personales y no piensen en el bien común de todos los chilenos.
Personalmente no concibo que el rodeo sea visto como un deporte ni
menos que esté incluido en la Constitución. Entendamos que la carta
magna por sí sola no resuelve todos los asuntos pendientes de un país ni
menos puede concentrar todo lo que se crea pertinente. Si en el
anterior proceso se criticó mucho que los convencionales actuaron más
bien de forma personal que colectiva, el nuevo proceso tomó un rumbo
parecido al de sus predecesores y pretender consagrar el rodeo como un
deporte, solo aumentará las opciones de que en diciembre triunfe la
opción en contra más si este proceso fue impuesto por la clase política.
Definitivamente no entendieron nada.